miércoles, 20 de julio de 2016

Grandes “Hablas”

En Sueño Profético decían:

¡Cuántas Apariciones hay perdidas por culpa del hombre!

Yo conocía a una zagala que tenía Apariciones. La madre sí la creía. Al padre, cada vez  que algo le contaban, le entraba una rebeldía, que ya todos le notaban que algo le había ocurrido, y no bueno, por sus gestos y carácter.

Una mañana, cuando el padre iba a su faena bien temprano, al pasar por la habitación de la niña, vio tal resplandor, que remedio no hubo para que no entrara. Entró y vio la cama vacía y, en un rincón de la habitación, a la niña de rodillas, pero a un palmo del suelo era la altura a la que estaba su cuerpo; la elevación impedía el contacto con el suelo. Él no pudo hablar, pero sí oír a la hija decir:

   –¡Gracias Señor que mi padre ya me cree y mi madre no sufrirá! Que me deje que haga el rezo cuando me vaya a acostar. ¡Gracias Señor! Otra vez quiero darte las gracias: ¡Gracias Señor!

Cuando la niña vio al padre, ya estaba en la cama. El padre sí la vio en éxtasis. Ella creyó que fue en la cama. Lo que la niña contaba cuando se lo preguntaban eran estas palabras:

   –A mí, cuando me pongo a rezar, esto es lo primero que me hablan: “Tú di a tu padre, cuando a la calle se vaya, que Dios te hace techo de suelo, para que viva tu alma; que tu cabeza no piense lo que tu lengua desbarra; que tus pies no pisen sitio donde el pecado aguarda”.

Esta comunicación la oían la niña y la madre, y junto con ella la repartía.

Desperté, oí:

Estas comunicaciones, el mismo padre cundió.

Pero cuando alguien lo oía contarlo, a él con su voz, buen sufrir le venía.

¡Él, que siempre amenazaba a la chiquilla y la madre!

¡Él, que vivía las noches siempre fuera de su casa!

Aquella noche se fue a acostarse a su casa temprano, con el pretexto: ¡Hay que madrugar mañana!

Esto fue lo que pensó para presentarse en cu casa.

Y en su casa creyeron que venía enfermo, enfermedad para cama.

¡Qué lástima que se pierdan,
de Dios, estas grandes “Hablas”!

¡Qué lástima que maltraten
al que diga: “Dios me habla”!

El padre ya la creyó
cuando vio vacía la cama
y a la niña en resplandor.

Ante del padre ver esto,
buenos martirios le dio.


***

Libro 6 - Dios Manda en su Gloria que Enseñen - Tomo I - C5