sábado, 16 de julio de 2016

Sencillas y grandiosas

En Sueño Profético yo decía:

“Señor, cuando yo no esté Aquí, no dejes que haga nada que a Ti te enfade. Todo lo que yo haga sea para ejemplo del que te ame y para que me siga el que a Ti no te ame. Siguiéndome, se encontrarán contigo, y ya, a éstos, los seguirán otros”.

Estando yo con esta alegría delante de muchos que Allí había, empezaron a hacer como alabanzas a Dios y a rogar por mis peticiones. Salió de pronto como un cordón de gente, éstos, sin dar los pies en el suelo –pues bien dicho, no tenían pies–. A la vez que pasaban, dejaban un perfume que no era conocido en el mundo material –este olor era de alimento–, quedándome yo como si yo no fuera –temo que no me comprendan–, quiero decir que mi genio parecía parado, y me quedaba, ¡no sé...!, al ver tanta Grandeza.

Dije:

¿Cómo podré yo contar esto? Si no encuentro comparación, no podré explicarlo.

Desperté, oí:

Sólo Dios es el que puede dar las Palabras para que tú expliques.

Y Dios te las da.

Te las da a manera de Dios: sencillas y grandiosas.

Al hombre, cuando quiere explicar de la Gloria de Dios, no es fácil comprenderlo.

Ya, sabiendo Dios esto, arroba el espíritu que Él quiere y que sabe que Lo ama.

Dios quiere que el hombre entre en su Gloria, normal, cuando aún está con materia.

Quiere que sea cuando vive con materia, para que el que quiera conozca esta Gloria antes de venir.


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Libro 7 - Investigaciones a La Verdad - Tomo I - C6