sábado, 14 de diciembre de 2013

Alegria de Dios: El mejor medicamento

En Sueño Profético decían:

No hay mejor medicamento
para curar el espíritu,
que la alegría de Dios,
que sin cantos y sin palmas
te llega la curación.

Te curas en el que ves
que su servicio es a Dios
y va preparando a hombres
para la Gloria de Dios.

Yendo por este camino,
la enfermedad se quitó
sin aceptar el consejo
que el que no sabe te dio.

Dijo uno:

Hay quien cree que el barranco
se tapa sin que dejes de escarbar,
sin pensar que a más escarbes,
más hondura luego habrá.

No olvida el alejarse,
ni es pago devolver mal
por el mal que recibiste.

Tú lleva tus cuentas claras,
y ya que Dios ponga o quite
el número que le sobre
o el número que haga falta.

Lo que no podrá curar
es lo que el pecado te manda,
porque su consejo es:
¡Qué importa lo que tú hagas!
¡Vive la vida contento,
que la vida pronto acaba!

Este consejo no cura
porque de Dios te separa.
Aunque no hagas pecado,
no cumples lo que Dios manda.

No importa que esté el brazo sano
cuando lo lleves vendado.
Si tú quieres que pregunten
o comenten: “llevaba un brazo vendado”,
tú ya a nadie quitas que piense
que el brazo no estaba sano.

Pues igual es el consejo
del que Dios vive alejado,
aunque diga: “yo creo en Dios,
pero esto no es malo”.

Desperté, oí:

La enfermedad del espíritu
es igual a la de la carne.

Si no sabe el médico lo que tiene,
la receta no le vale.

Con la gran diferencia,
que el médico, casi siempre,
quiere curarle
para que brille su nombre.

El que receta al espíritu,
si a Dios no tiene presente,
empeora en vez de cura.

Porque Presencia de Dios
no enferma.
Sana y resucita.

Haciendo esta receta,
no te falta la alegría.


***


Libro 17 - Investigaciones a La Verdad - Tomo II