lunes, 16 de diciembre de 2013

Entender de la enfermedad del espíritu

En Sueño Profético hablaban del sufrimiento. Decían:

Hay sufrimientos en la vida, que no los puede quitar el hombre. Y hay sufrimientos que los da el hombre y los puede quitar el hombre.

El sufrimiento del espíritu es producido por el mismo hombre.

Dijo uno:

Si el hombre viviera Amor a Dios, tenía seguridad de espíritu sano, y ya no sufría ni daba sufrimiento.

El que tiene el dolor de la carne, sufre él y el que lo está viendo.

El que tiene enfermo el espíritu, es él el primero que pasa el sufrimiento, y van cogiendo parte del sufrir todos los que viven para el Cielo.

El hombre busca a grande prisa el médico para el enfermo de la carne, y a veces sabe que ya no tiene remedio.

En cambio, al del espíritu no dan medicamento, que es la oración y pedir a Dios por ellos, para que pueda soltarse el que amarrado esté sin quererlo.

A éstos no les da nadie ni oración ni lamento, para que puedan salvarse.

Como cuando transfusión la ponen sin enterarse el que tan grave se vio; que mayoría siguen la vida por grande precipitación que tomó el que quería que más tiempo estuviera con los que a él lo querían.

Desperté, oí:

Hasta que el hombre no quiera
entender de la enfermedad del espíritu,
no hará por curarlo.

Que el medicamento es
la oración y buscar al necesitado.
 
¡Ten seguridad,
que haciendo esto,
medicamento vas dando!

La enfermedad del espíritu
tiene a ese mundo infectado.

Porque el que dicen que es bueno,
tiene a Dios olvidado.

¡Qué cierto que el hombre corre
cuando la carne está grave,
y como tenga sus días,
de nada el correr le vale!

Pero del espíritu enfermo,
no se compadece nadie.

Y nadie entiende
si es endemoniado
o enfermo que pueda curarse.

Si el hombre dijera “no”
al empiezo del pecado,
el niño haría crecimiento
con el espíritu sano.

¡Qué lástima que el mayor
se ocupa de contagiarlo!


***


Libro 16 - Dios No Quiere, Permite - Tomo II - Pág. 54-55