viernes, 20 de diciembre de 2013

La razón atropella al que razón quitar quiera

En Sueño Profético decían:

La razón atropella al que razón quitar quiera. La razón te da empuje y te da fuerza. La razón, cuando se calla, es dormir y estar despierta.

Dijo uno:

Esta razón que Aquí en Gloria se compara, no es una razón cualquiera. Es razón a lo Divino, el ver y que te desmientan el hablar y transmitir algo que Aquí te dieran. ¿Quién podría callar aquí? Ésta es una razón, pero no es razón cualquiera. ¡Estos Instrumentos son de tal razón...! Pero inquietan, con inquietud de palabras, pero palabras certeras. A todos los que Dios trae a su Gloria, el hombre los trata mal, pero sus hechos y palabras dejan en mal lugar al hombre, al hombre que razón quiere quitar a todo lo que hace Dios. Estos hombres, cristianos de nombre, queriendo esconder a Dios, no pueden ponerle fuerza en esta grande “sin razón”.

Otro dijo:

Si lees la historia de tantos como Dios habló en ellos, ninguno fue bueno para el hombre, todos recibieron martirio de muerte, palabras y calumnias, que horrorizaban al que sí era cristiano. Pero luego, la razón de lo Divino, inclina al hombre a que desmienta al hombre que no amó, venerando lo que él maltrató. Pero éstos también maltratan si tienen contacto con Elegidos, dejando este maltrato en la Historia, para que luego estos mismos sean venerados. Aquí la razón se niega a dar razón a los que se dicen cristianos.

Desperté, oí:

¿Qué razón puede tener
el que maltrate o insulte
al que Dios quiera traer?

¿Cómo venerar después
lo que otros hombres dijeron
que era actuación de Luzbel?

A todos los que maltrataron,
sin duda que están en la Gloria.

La razón no la callaron,
que escrito quedó en la Historia.

Quemaron y degollaron,
y les pusieron corona.

Debe el hombre quitar la piedra
y no seguir tropezando.

Porque Dios pide respeto,
respeto sin obligarlo.

El hombre debe amar,
cuando vea a Dios amando,
y no pararse a decir:
“aquél parece más Santo”.

Aquel que el hombre anterior
disfrutó apaleando.

Repasa algún día la Historia,
y te verás fracasado,
cuando veas que adoras tú
lo que mató otro a palos.


***


Libro 11 - Te Habla El Profeta - Tomo II - Pág. 194-195-196