jueves, 19 de diciembre de 2013

El camino de sólo servicio a Dios

En Sueño Profético hablaban del Amor de Dios. Decían:

El que ama a Dios, no le extraña que otro ame, no le extraña y conoce cuando no ama, aunque le hablen del Amor.

El Amor a Dios tiene un camino a seguir, que si no hay Amor, no lo pasas y te vuelve para atrás el Amor que a ti te falta.

Dijo Teresa:

Ya sigo yo explicando:

Sin Amor no llevas camino,
vas por campo atravesando,
sin orientación Divina,
aquí caigo, allí me levanto.

Con avaricia de mundo,
buscando y más buscando
lo que nunca encontrarás,
porque camino has dejado.

Yo nunca dejé el camino,
por estar mi Dios esperando,
que no me esperaba a mí,
que esperaba a todo aquél
que quería ir a buscarlo.

Una tarde, ya bien tarde,
estando con unas hablando,
como siempre de este Dios,
que más viven sin amarlo,
llegaron dos caballeros
con sus damas acompañados.

Me hicieron varias preguntas,
de que ellos amaban tanto
como yo pudiera amarlo,
y nadie los conocía
como a mí, con tanto escándalo;
que para amar a Dios bastaba
pensar, diciendo: “Te amo”,
y que ya estabas con Dios.

¡Qué pensar más equivocado,
amar sin hacer que muchos
a Dios Lo vayan amando!

¡Qué pensar más miserable
ocultarte de los hombres,
ocultarte por temor,
para que oculten su Nombre!

Aquí te falta el Amor
del que muchos desconocen.

Desperté, oí:

Tuve que decir palabras
que no parecía Teresa.

Tuve que hacerles pensar
que Dios te lleva las cuentas.

¡Cómo hablaban del Amor
sin que Amor por dentro hubiera!

¡Cómo querían que yo
ocultara lo que era!

No puedes sentir Amor
si no coges el camino
de sólo servicio a Dios.

Sabiendo el hombre que es polvo
y que su muerte
no la detiene su mando,
no busca a este Dios del Cielo
y camina por los campos.

¡Ay hombre que tu vivir
te retira del camino
que tiene Aquí su fin!

¡Ay hombre que vas andando
campo, a campo traviesa,
tropezando y levantándote
con la maldad de esa Tierra!

Aquél que sienta este Amor,
ni cae, y a Dios Lo lleva.

TERESA DE ÁVILA


***


Libro 12 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo II - Pág. 220-221-222-223