lunes, 11 de agosto de 2014

Alcanza más la paciencia que la velocidad

En Sueño Profético decían:

Alcanza más la paciencia que la velocidad. Y la Fe te acerca a las Pisadas de Dios. Te acerca hasta el extremo, que ya no pisas detrás, porque Él te da la mano y juntas van las pisadas.

Dijo uno:

El descanso del cuerpo lo da la confianza en Dios. Hay quien siempre está cansado porque lo cansa la duda y el porvenir lo entristece. Esto es falta de Fe.

Dijo otro:

Hubo quien anduvo caminos largos, con sus subidas y bajadas, buscando a aquel Niño que era Dios, y su Fe lo llevaba como pluma en el viento.

Yo llevaba una cordera,
y si el animal se echaba,
mi mujer y otros que iban como yo,
me la cargaban en la espalda.

Pues yo llevaba aquel peso
para el que no lo llevaba,
porque yo iba sin peso.

Con mi Fe y mi zamarra,
me ayudaba hasta retirar el frío
que aquellos montes llevaban,
que más parecía aviso
o silencio sin palabras.

Todos se subían el cuello,
y el frío, con mucha calma,
blanco de nievecilla,
nuestras ropas las tapaba.

Pues ninguno se cansó,
pues ninguno protestaba,
por no sentir el cansancio
ni la nieve por su cara.

Todo era grande Fe,
porque a Dios ya Lo esperaban,
porque lo dijeron hombres
que Dios les dio sus Palabras.

Desperté, oí:

¡Qué hombre Santo nos habla,
enseñando a tener Fe!

Este espíritu vivió
y vio a Jesús nacer,
que a los diez años murió,
su carne, pero no él.

Cuando ya Jesús hablaba
a los hombres de saber
y los callaba en el Templo,
este hombre enfermó,
enfermedad sin remedio.

Dios se lo quiso traer
donde hoy cuenta el hecho.

Que antes de espíritu hablar,
Dios da Mando ya con Eco.

Es fácil para el que ame,
entender este Evangelio.

Y comparar lo de Dios
con hechos que ahí ocurrieron.

Si en Gloria, Dios no los dicta,
¿quién sabe cómo ocurrieron?

Y así, para que vea el hombre,
que el Vivo sigue viviendo.


***

Libro 14 - Dios Manda en su Gloria que Enseñen - Tomo II - Pag. 127-128