martes, 12 de agosto de 2014

Eco Divino

En Sueño Profético se oían varias voces y parecía una sola. Alababan a Dios Hijo dentro de su misma Gloria. Eran voces humildes, pero llenas de Fuerza. Voces que te consolaban, y no ponían inquietud como pasa en la Tierra.

Eran unas voces de Paz, que de tener cuerpo, te unes a ellas:

¡Gloria a Dios en el Cielo, te damos Señor, por el sufrir que Te mandan los hombres en la Tierra!

¡Te alabamos Señor, y mándanos con tu Luz a la Tierra, para que el hombre tenga siempre presente tu Existencia!

¡Te alabamos Señor, y no te pedimos lo que no sabemos si el pedir te da sufrimiento!

¡Te alabamos Señor, y mándanos con tu Luz a la Tierra, que aunque muchos no Te aman, tu Nombre nombran y rompen el silencio, igual que aquella noche de tu Nacimiento!

¡Te alabamos Señor, los que ahí Te vieron nacer y los que en Ti creyeron!

Desperté, oí:

Sería tan difícil imitar estas Palabras,
con este Amor de Eco Divino,
como guardar un puñado de sol
y usarlo un día que amaneciera nublado.

¡Con qué Fuerza
–pero Amor iba delante–
alababan los espíritus en Gloria!

Querían un Nacimiento vibrante,
para que tuvieran en la Tierra,
los hombres, siempre su Imagen.

Daban alabanzas al Hijo,
y era Presencia del Padre.

Mandó la Luz a la Tierra
para enseñar a los hombres
cómo tenían que amarse.

Antes de su Nacimiento
manda con los Profetas Mensajes.

Si el hombre pensara esto,
¿cómo podría hoy extrañarse
de este Mando, que es el mismo,
porque otro Dios no hay?


***

Libro 20 - Te Habla el Profeta - Tomo II - Capítulo 3