domingo, 17 de agosto de 2014

Amor suave

En Sueño Profético decían:

Hasta que no creas, no amas.
Y hasta que no ames, no obedeces.
Que cuando ames,
tu seguir ya es Obediencia
y no vives otro mando
que el Amor que Aquí te lleva.
Te lleva sin que tú pienses:
“tengo que cumplir Obediencia”.
Te lleva con un llevar,
como ángel que alas lleva,
que no llevan las alas al ángel,
que es el ángel el que las lleva.

Pues con este Amor suave,
que Dios manda para el que quiera,
sigues las Reglas de Dios
sin que le llames Obediencia,
más bien sería Amor
el nombre que se le diera.

Dijo uno:

Yo, cuando viví con materia, sabía el que más amaba a Dios por su seguir en la Palabra de Dios sin cansancio y sin protesta. Vivíamos unos cuantos trabajadores en un caserío algo alejado del pueblo. Un poco antes de llegar, había una ermita, que la misa no faltaba los días que no había faena porque fiesta le decían. O sea: días señalados, domingos o tradiciones de tiempos antes pasados. Pues el que a Dios amaba, bien que se conocía el camino de la vereda hasta llegar a la ermita. A veces no iban mujeres, iban los hombres con sus hijos y la mujer quedaba con el chico o con algún enfermo que ese día hubiera en el caserío, pero el hombre no faltaba para ejemplo de sus hijos. La madre tenía disculpa a la vista de los chicos. El padre no la tenía, y retiraba a los hijos de las costumbres de amar lo que siempre era y será lo mismo: Amor a este Dios del Cielo. Y ya andas el camino de la vereda, contento, aunque no lleves al chico, que la madre está rezando y está con ellos lo mismo, porque Dios es ya Presencia de la verdad que tú has dicho.

Desperté, oí:

El que iba por la vereda
contento y con sus hijos,
no lo llevaba Obediencia.

Era Amor bien sentido
de querer que lo siguieran,
lo que sólo es un camino.

Si el padre queda en la casa,
le da mal ejemplo a los hijos.

A la madre la miraban,
cuando volvían con más cariño.

Había estado rezando,
cantando la nana al niño.

Y dando vuelta al enfermo,
y ya verían los niños,
cuando tuvieran razón,
los padres que habían tenido.

El Amor hacía Obediencia,
y la vereda iba llena,
sin llamarle penitencia.


***

Libro 14 - Dios Manda en su Gloria que Enseñen - Tomo II - Pag. 61-62-63