miércoles, 12 de noviembre de 2014

El peso de la carga

En Sueño Profético decían:

La carga no pesa por el volumen que veas, y sí por peso que pese la carga.

Apareció un carro cargado de olivo y las ramas arrastraban. Apareció otro carro con cajas hasta el borde del carro, pero tenías que pararte y mirar para ver la carga. No salía nada del carro, y paso aprisa llevaba, porque el carrero trote al mulo le daba. No se ocupaba del peso, porque sabía que tiraba sin trabajo y sin esfuerzo. Pero no tiraba sólo el mulo, que le empujaba el carrero con sus ansias de llegar al sitio, dejar la carga, cobrar el dinero y dar al día el máximo esfuerzo para llevar a su casa lo que necesitaban dos hijos que tenía enfermos sin esperanza de que sanaran –por lo que decían los médicos–. Pero él cargaba el carro y trote al mulo le daba, y si el mulo renqueaba, decía mirando al Cielo: “¡Arre mulo!, que mi carga es más pesada aunque arriba voy subido, pero Dios va en mi compaña. Y ya, ¿quién dice que yo llevo más grande que tú mi carga?”.

Desperté, oí:

No se veía la carga,
ni en el carro ni al carrero.

Era Dios que no dejaba
sufrir solo al carrero.

Este hombre tenía Amor,
y Fe tenía en letreros.

Aquél que lo conocía,
siempre decía al verlo:

¡Cómo da tanto viajes,
aprisa y tan contento?

Él vivía en la confianza
de que Dios los pondría buenos.

Y con su Amor y su Fe
les llevaba el alimento.

La curación Dios la haría
porque Él tenía el remedio.

El carrero que llevaba
el carro de olivo lleno,
iba paso a paso el mulo,
y él vacío por dentro.

Le faltaba el confiar
en quien le quitara el peso.


***

Libro 14 - Dios Manda en su Gloria que Enseñen - Tomo II - C6