domingo, 16 de noviembre de 2014

Hace más el interés que el deber

En Sueño Profético hablaban del interés que en ti despierta aquello en lo que tú interés pones.

El interés lo manda el Amor o la conveniencia. En lo de Dios es el Amor, que no te cuesta trabajo hacer lo que tu interés te presenta. El interés se ve sin que des respuesta, tan sólo se ve con aceptar y caminar por la vereda a la que otros desprecio dan.

Dijo uno:

Hace más el interés que el deber. El deber tiene su raya, el interés no tiene límite. El interés puedes trabajarlo sentado, sin trabajarlo, tan sólo con que lo mandes cuando ya mandes el mando. Hay quien no usa el interés y si dijera a usarlo cuánto serviría de bien este interés ya mandado.

A los Elegidos siempre les falta que sean escuchados por personas a las que Dios les deja que gobierne con grandes cargos. Si éstos pusieran interés ¡qué servicio más completo tendrían puesto en la cuenta de la Libreta del Cielo! Pero aquí la mayoría encierran el interés, como en aquellos tiempos en los que a Jesús vieron nacer. Lo guardarán con los miles a los que Dios palabras les dé. Luego, quedará resonancia con los Libros que ellos hacen, pero mucho después de que falte la materia. Entonces se vuelve a saber. Como le pasó a Agustín, a Domingo, a Catalina de Siena. Pero esto no pasará aquí, en esta época, porque a este Elegido Dios le manda el escribir.

Desperté, oí:

Este Elegido ya deja lo que otros hombres tal vez claro no pusieran.

Es más vida coger la fruta cuando el árbol está con vida.

Si quitas peras del árbol cuando esté sin cortar puedes esperar otro año porque más peras echará.

Pero si no quieres peras porque el árbol vivo está y esperas que el árbol muera, poco interés tendrás.

Dios manda con grande fuerza y tiene que publicar, aunque el interés se duerma.

Pero sería mejor aceptar con reverencia.

Repasa bien tu libreta y verás la hoja en blanco porque el interés no se encuentra.

Si utilizas el interés en oír hablar de la Gloria no temas nunca en morir, porque vivo sigues en la Gloria.


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Libro 67 - Meditaciones y Palabras Directas con el Padre Eterno - Tomo VII