viernes, 21 de noviembre de 2014

Espiga que el granero guarda

En Sueño Profético halaban de cosas distintas unas de otras, pero al final eran las mismas:

Amar a Dios, y sufrir y amarlo más, iban por caminos distintos, y al final decían igual.

Comparaban al sembrador con la espiga de trigo, para coger cosecha material o de espíritu.

Decían:

¿Habrá pasado el sembrador sufrimientos y trabajos! Antes de sembrar, cavando la tierra. Luego, después de que siembra, pensando en el tallo hasta que lo vea. Luego, deja el tallo, y ya pide agua, con una medida que vaya al sembrado. ¡Ya llegó la espiga!, que te paga todo el sufrir que has puesto. Pero ahora queda el sufrir mayor. Y miras al Cielo, y sin tú querer y más veces queriendo, dices estas frases: “Señor, que no llueva hasta que la espiga esté en el granero”. Que de este sufrimiento, ahora empieza el pago.

Si el hombre pensara, con el sufrimiento que a él le llegara, como el sembrador, cogería ganancia. Pero éste sufre, y si a Dios Lo llama, pocas veces es mandando alabanzas.

Desperté, oí:

Si el sufrimiento
el hombre lo llevara
sin ira, sin odio
y a Dios no culpara,
el final sería
de este sufrimiento
como espiga
que el granero guarda.
Que si dio sufrir,
Dios le dio ganancias.

Todo el sufrimiento,
si se aprovechara,
todo el sufrimiento
te daría ganancias.

Si el grano que siembras
te paga en espigas
y en costal de harina,
¿cómo pagará Dios
al que en el sufrir diga:
“Señor, que nunca me vaya
de tu compañía.
Quiero estar contigo
aquí en esta vida.
Si en ésta lo estoy,
ya estoy en la Otra
con los que quisieron,
estando aquí, Ésa”?

Este Dios te paga,
y ya el sufrimiento
lo achicas o lo apartas.

Hazte sembrador
en el sufrimiento
y ten tu mirada
siempre en este Cielo.


***

Libro 19 - Dios Manda en su Gloria, que Enseñen - Tomo III - C4