martes, 24 de febrero de 2015

Dos Visiones de Enseñanza

En Sueño Profético hablaban de la enfermedad de la carne; del necesitado; del que tuvo ahí una vida con lo necesario para vivir; del que tuvo alegría y enseñó a buscar a Dios; del que aceptaba lo que Dios le permitía al que no cumplía sus Mandamientos, que su sufrir era éste: “culpable”; del que daba Paz porque la conservaba, de la que Dios dejó; de la pecadora que con sus joyas quería hacer al demonio bueno.

Estando todo esto hablando, dijo uno:

Estas dos Visiones de Enseñanza fueron en realidad vividas y presenciadas por mí. Hoy es Dios el que me manda que las cuente, y su Poder actúa:

Se vieron dos mujeres en distinta Visión. La primera era de una mujer de aspecto humilde y Paz repartiendo. La segunda Visión era de una mujer con lujosas ropas y con joyas en distintas partes del cuerpo; llevaba en sus pies descalzos pulseras que brillantes caían, y el movimiento de aquel andar por la fuerza del pecado, avisaba por donde iba.

Ya dijo el mismo:

Esta mujer venenosa quiso dar a probar el veneno, con sus joyas, a la que todo aceptaba menos retirarse de Dios.

Un día, estando un grupo de hombres en la plaza del pueblo donde nos reuníamos esperando que fueran a darnos trabajo, vimos a las dos con palabras no de acuerdo. Y ya la aldeana levantó la voz, teniendo miedo al silencio, y en todos quedaron grabadas estas palabras:

   –Yo vivo el sufrimiento, ratos sí y ratos no. Sufro en el momento que creo alejarme de Dios. Pero cuando todos admiran mi Paz, ya el sufrir se acabó. Tú no puedes creer que está lejos, tú tienes que dormir con peso de remordimiento, tú tienes que pensar que las joyas son cuchillos y armamento de matar. ¡Cuántos niños sintieron, aunque estuvieran durmiendo, la silla del padre sin ocupar!, que llegaría después del gallo cantar. Cada brillante que cuelga es sepultura ocupada. ¡Vuélvete de mi camino, que yo quiero que mis joyas sean Dios y mi destino!

Desperté, oí:

Estas dos mujeres,
de igual edad e igual belleza,
una es vida de Dios,
otra, el demonio coge y deja.

La coge para que peque,
y veneno le da de sobra.

Y luego le da brillantes
para que vaya ofreciendo:
¿qué tienes con tu sufrir?,
¿qué tienes con Dios del Cielo?

La que vivía sufrir
y a Dios seguía queriendo,
la odia, porque sabía
que estaba en contra del Cielo.

La paciencia y el Amor
le pusieron aderezo,
y la gran pecadora,
sin joyas, vive en Infierno.

No son las joyas culpables,
es el mal vivir que vives
porque Amor nunca buscaste.


***

Libro 14 - Dios Manda en Su Gloria que Enseñen - Tomo II - C3