domingo, 15 de febrero de 2015

La abuela y el nieto

En Sueño Profético decían los Discípulos de Dios Hombre:

Querer saber de Dios, ya te dice: “Amo a Dios”.

Dijo uno:

Un día, cuando regresábamos de cumplir lo que el Maestro nos había mandado, ya yéndose el día y viniendo la noche, se acercó a nosotros una mujer con un niño de la mano, y cerrándonos el paso, nos dijo:

   –Mis respetos para vosotros. Pero quisiera saber si alguno de vosotros es el Mesías, al que yo conocí cuando su Venida. Yo lo vi cuando toda la gente corría para conocerlo. Yo tendría 20 años cuando mi padre llegó dando gritos, anunciando su Nacimiento. Todos en mi casa nos presentamos delante de Él. No se podía llegar al sitio donde estaba Él, hasta que buen rato pasaba, y tenías que pedir vez. Esto se oía con frecuencia: ¿Quién va para el Portal? Se formaban unas filas hasta llegar a sus Pies. Yo fui una que de cerca lo admiré y adoré. Duda no podía haber de que la Tierra tenía a Dios poniendo sus Pisadas en ella. Desde entonces, mis padres enfermaron y los tuve largos años en cama. Me casé, y al poco tiempo enviudé, y me quedaron tres pequeños, y mi padre en cama; ya había mi madre muerto. Trabajo, poco tiempo y pocos cuartos son los que me han hecho el no seguirlo, pero siempre lo he tenido en mi memoria. En todo cuanto iba a hacer, decía: “Niño del Portal, que fuiste Dios antes que Niño, no consientas que se apague mi cariño”. Esto, a mis hijos enseñé, y hoy es mi nieto el que también lo dice.

Y salió el chiquillo relatándolo.

   –Bueno, ya he contado lo que tantas ganas tenía de decirle a Él. ¿Es alguno? ¿Aquél?

Contestó Juan:

   –No. Mañana Él pasa por el camino que tú has venido y te hablará. Yo sé esto, porque antes de salir, me lo ha dicho.

Desperté, oí:

El que ama, busca,
y éste, encuentra.

Treinta años amando,
y cada vez más Amor.

El trabajo y las penas
la tenían distanciá,
distanciá de la materia,
y en espíritu acercá.

Más acercá
que en el momento
de verlo en aquel Portal.

Ella no dejaba de ir un día
a un sitio y preguntar:
¿Por dónde anda aquel Niño
que nació en el Portal?

Con el nieto de la mano,
en el camino esperó,
y a lo lejos vio a aquel Hombre,
que envuelto en su Resplandor,
le aparecían las letras:
“Yo soy El Salvador”.

Siempre lo anduvo buscando,
y siempre fue que lo amó.

Dios sabía que no podía,
y Dios nunca se enfadó.

Coge al nieto de la mano,
y vete en busca de Dios,
y enséñale la plegaria
que esta abuela enseñó.


***

Libro 3 - La Palabra del Creador - Tomo I - C3