miércoles, 18 de febrero de 2015

Éstas son Palabras dichas en la Gloria Celestial

En Sueño Profético hablaban de mí, o sea, dirigiéndose a mí. Nombraban muchos los Libros cuando varias veces dijeron: “Ella”.

Dijo uno:

Aquí se nombra a ella por ser el Instrumento que lleva este Mensaje. Aquí se habla al hombre, pero se ordena al que Dios manda. Dios le da Mensajes y Palabras con Libertad y en la Libertad Dios hace presencia, y ya quita Libertad al que al Instrumento quiera vedarle Palabras que Aquí le han dicho que ahí lleve.

¿Cuántos pensarán pensar y en el pensar se morirán, aunque los vean andar? Pensarán en pillar algo en la lectura de esta grandiosidad que Dios manda que se escriba para que quede sellado todo lo que Aquí se diga. Que luego habrá generaciones que lean con Amor lo que hoy con desprecio miran. Y en esta misma que hoy viven, cuando lleva estas aclaraciones, puede que miren arriba y les haga mucho bien, y ya el pecado olviden. Porque al leer estos Libros jamás de Dios se retiran. Es por esto por lo que Dios manda que se escriba y quede para la Historia que a diario venía un espíritu a la Gloria, que Dios dejaba carne vacía. Que había Arrobos en los que la carne se resistía, pero el Mando de Dios es despegue y alegría.

Desperté, oí:

¿Quién comprendería el Arrobo si ella no lo explicara?

Si fuera sólo para ella era Arrobo sin Palabras, porque jamás escribiría lo que en la Gloria le contaran o lo que viera de vivos que aún andan en la Tierra o lo que hablaran los muertos que Aquí viven sin materia.

Es diferencia, aunque Dios también lo quiera, venir sólo para ti o venir para que quede en la Historia.

Éstas son Palabras dichas en la Gloria Celestial.

El que quiera que las lea y el que desprecio da, a Dios se lo da a conciencia.

Todo lo que diga Dios para que otro lo aprenda es Evangelio de Dios.

Si el hombre quiere cambiarlo no es admitido por Dios.

Todo aquél que diga palabras y diga “me las ha dicho Dios” no puede cambiarse nombre, porque Evangelio es su voz.


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Libro 67 - Meditaciones y Palabras Directas con El Padre Eterno - Tomo VII - C1