sábado, 21 de febrero de 2015

Hombre animal

En Sueño Profético hablaban de muchos temas, de fechas de siglos pasados, de muchas costumbres del hombre.

Decían mucho:

¡Hombre animal, que si él pudiera, mataría al Creador de todo lo visible y lo invisible!

¡Hombre animal, que siempre persigue a Dios para formarle la guerra!

Dijo uno:

¿Cómo puede el hombre pensar
que Dios mande sus Palabras para ellos,
y el Instrumento esté implorándoles que las oigan,
y ellos presentándole desprecio?

¡Hombres de presencia culta,
que pueden ellos pensar
que Dios les dará premio
cuando dejen la materia
en un triste cementerio!

Estas Palabras son dictadas,
y quedarán en sentencia:

Al que Yo di mis Palabras,
los que le cerraron las puertas,
que no pronuncien mi Nombre
cuando la muerte les llegue,
porque sentirán respuesta
antes de que el cuerpo dejen.


Estas Palabras son dichas a espíritus para que sean dictadas, y ahora, dichas al espíritu.

Desperté, oí:

¡Cómo puede compararse
al que se negó a oír,
con el que cogió el Mensaje
y lo llevó a otras naciones!

Cuando debían las naciones,
ellas, haber venido Aquí.

No es la mina
la que va buscando al minero.

Es el minero el que busca
donde cree que está el dinero.

En mineral, brillante,
carbón, petróleo, oro, plata,
algo que la tierra tape.

Pues si esto es en esto,
que tan poco vale,
¿qué debería hacer al oír?:

“Dios me habla,
Dios me dice.
Aquí escrito está el Mensaje”.

Asegura –no admitiendo disculpa–,
que el que te tuvo cerca
y no quiso este contacto,
él renegó de esta Gloria,
y Dios lo tiene apartado.

Esto, el que pudo cundir
lo que cerca Dios le había dado.


***

Libro 15 - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en Gloria - Tomo III - C2