domingo, 22 de noviembre de 2015

El bien aparta al mal

En Sueño Profético decían:

El enemigo del bien es el mal. Hay personas que son malas para la boca del malo, porque hacen el bien sin medida, sin día ni fecha. A éstas, el que no haga el bien, les sacará defectos, pero al final quedará el mal pisoteado.

Dijo uno:

Yo viví cerca de uno que tuvo una gran herencia, y todo lo que producían los cortijos lo daba al que con él trabajaba. Decía que aquello pudo ser de otro, y que Dios lo había premiado con que él fuera el de la herencia; que si él repartía al que lo necesitaba, ya había depositado Dios en él su Amor y su Confianza; que era Dios el que lo había hecho heredero del mismo Dios, por ser Dios el Dueño de todo lo material, y hasta que no soltáramos la materia, nos hacía herederos, herederos con Libertad dada en el Cielo.

Este hombre, sólo hombre, sin poner la palabra “bueno”, hacía las cosas con tanto Amor, que ya le sobraba hasta el “bueno”. Pues sus enemigos mayores eran unos cuantos que obligaban a los que con ellos trabajaban a que se llevaran a los hijos zagalones a trabajar tan sólo por la comida; que les hacían más servicio que un hombre, ya que estos zagalones aguantaban el ve y ven, más que un hombre. Pues los amos de éstos fueron enemigos del bien. Les mandaron envenenar el ganado del bueno, e intentaron cundir –para que fuera despreciado– que su herencia no venía bienvenida, que su padre tenía antecedentes de criminal; hasta buscaron encarcelarlo con falsos documentos. Pero el bien aparta al mal.

Desperté, oí:

Este enemigo del bien,
por Dios quedó derrotado.

Las cosechas, su abundancia,
te hacían quedarte parado.    
    
Él, cada día repartía,
y sus manos siempre dando.

La sementera crecía
como por manos tirando.

La cabras cuando parían,
se quedaban asustados.

Las ternerillas crecían,
y había quien preguntaba:
¿ésta no es la misma cría…?

Dios le dio tal abundancia,
que al enemigo aplastó.

El mal siempre busca al bien,
porque va en contra de Dios.


***

Libro 14 - Dios Manda en Su Gloria que Enseñen - Tomo II - C5