domingo, 8 de noviembre de 2015

Enfermo de espíritu

En Sueño Profético hablaban de las enfermedades, decían:

En la enfermedad del espíritu no hay médico que pueda ver, con su reconocimiento, lesión o anormalidad en la carne, todo su funcionamiento es igual que la carne de otro espíritu que no esté enfermo. Estos enfermos son curados por médicos espirituales que no mandan que medicamento sea tomado.

Estos dolores del espíritu pueden darle a cualquiera que esté entregado al Servicio de Dios y aprenda lo que Dios manda Aquí, en su Reino. El enfermo de espíritu no muere hasta que su carne no enferma.

Dijo otro al que Dios le da el Mando:

Un enfermo de espíritu puede durar cien años y tener, si es pudiente, a varios médicos a su cabecera, pero su carne no tiene nada que pueda diagnosticar el médico, ya que el avance de la medicina no tiene nada que pueda ver o comprobar si es enfermo de espíritu. Pero no muere, y si muere, es que tenía enferma su carne, con diagnóstico o sin diagnóstico para que el médico certifique.

El espíritu cuando va a abandonar la materia, carne que ya tienes que enterrar. Pone la carne enferma durante años, meses, semanas, horas o segundos. Que la pone enferma el Mando de Dios con la llamada que hace al espíritu, y ya hay lucha entre el espíritu y la enfermedad de la carne.

Esto es siempre que hay muerte. Que puede haber enfermedad y tener curación y no haber muerte, pero no puede haber muerte sin carne enferma antes del espíritu salir del cuerpo. En cambio, puede ser y es frecuente carne enferma y espíritu sano y no presentar la carne las dolencias que presenta un espíritu enfermo, aunque su estado sea grave.

Desperté, oí:

Hay diagnósticos muy graves teniendo la carne sana.

Pero que no le ven muerto ni en años, meses ni semanas hasta que la carne se enferme, aunque su presencia sea sana.

La enfermedad del espíritu es inquieta y es bien mala.

Te sientes lo que no tienes y te pones alborotado, te retiras de la Paz y te ves justificado.

La cólera no te deja para donde vas mirando.

Te sientes como si de gran peso tuvieras que ir tirando, te amansas en la defensa de defender el pecado.

Todos éstos son los síntomas, y muchos más no dictados, que siente un espíritu enfermo o ya enfermando.

Que esta enfermedad la cura el que vive a Dios amando.


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Libro 65 - Dios Habla al no Quiero del Hombre - Tomo V