domingo, 2 de octubre de 2011

Cuando ya quedó el Saber dibujado por las manos - Libro 9 - Dios Habla al No Quiero del Hombre - Tomo I - Pag. 101-102


En Sueño Profético hablaban de la Gloria, en la Gloria. Decían:

Dios da el Premio al que trae, pero este Premio es para todo el que lo quiera. A Dios Lo ve el que Dios Aquí trae, que Dios luego dicta para que el hombre sepa cómo es Dios en su Gloria. Dios quiere que el Comunicante hable lo que en esta Gloria dicen. Dios quiere que hagan preguntas con Amor, para hablar con firmeza de la Existencia de Dios. Dios quiere que su Voz y Palabra sea oída por el hombre, oyendo al que Aquí viene, y preguntándole: “¿Ya sabes cómo es el Vivir de este Mundo sin carne?”; Vivir sin Poder entender. El que no crea el Misterio del Reino de Dios, no comprende al que Aquí traen.

Dijo uno:

El hombre estudia las cosas materiales, y no estudia las del espíritu, que las reacciones, movimientos, fuerzas y decaimiento, todo es interior del espíritu actuando en la materia, que es lo que ve el hombre.

El hombre está siempre queriendo pasar sin Dios. Al hombre le cuesta trabajo decir que hay Dios. El hombre demuestra ira cuando Dios habla. Dios nunca calló al silencio que quiso el hombre. Dios sí deja que el hombre le grite al Mensaje, por no pertenecer ya a su Reino. Todo el que a Dios le manda, Dios lo retira. Todo el que a Dios ame, Dios Hijo lo lleva al Padre para que viva con Dios Hijo y con Dios Padre.

Y ya a muchos se oía:

Dios Hijo es sólo Padre, hasta que el Padre fue Hijo, y luego ya quedó en Padre. Esta Gloria tiene Tres, pero Uno sólo hay.

Para que el hombre comprenda, de Gloria tiene que hablarle el que no puede saber el por qué Dios a él lo trae.

Desperté, oí:

Este Mensaje es de Gloria,
y en la Gloria ya fue dicho.

¿Qué hombre puede dictar
y engañar falsificando,
si cada frase que lees
ves que el hombre está apartado,
apartado su saber,
para que no sea ensuciado?

No verás tenga reforma,
cuando ya llegó el Dictado.

Cuando ya quedó el Saber
dibujado por las manos.

Cuando Dios manda que dicten,
no hay quien reforme el Mandato.

Porque no sería Dios
el que mandara las manos.


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