viernes, 7 de octubre de 2011

Ocho caminando - Libro 3 - La Palabra del Creador - Tomo I - Pag. 155-156


En Sueño Profético hablaban Tomás y Felipe. Decían:

Qué verdad es, que cuando amas mucho a Dios, no quieres nada más que saber de Él.

Vamos a repetir lo que ocurrió el día que íbamos los dos a reunirnos con el Maestro.

Dice Tomás:

Yendo por la cima, nos encontramos unas mujeres que por allí caminaban buscando oír hablar al Maestro, y dirigiéndose a nosotros, nos dijeron:

–¿Vamos bien por aquí para dar con el Maestro? Pues venimos caminando por mitad de los senderos, y no dejamos de andar hasta llegar a conocerlo. ¿Vosotros habéis oído decir que es Rey del Cielo? Porque nosotras venimos, sin duda, a conocerlo.

–No venimos por saber –dijo una que se quitó unas albarcas que le cubrían sus pies, y lo que pisaba el suelo, con grietas nos hizo ver. Y estas fueron sus palabras:

–No creo yo, que si no hay Amor, des lugar a verte así. Pero esto es poco si llego a conocerlo. Pero una vez que lo conozca, difícil será volvernos.

Dijo Felipe:

–Pues ya que hemos oído todo el Amor que le tenéis al Maestro, nosotros somos Discípulos, y podemos asegurar que sí, que es Rey del Cielo y Rey de aquí.

–Entonces caminemos juntos. Íbamos seis, y ya vamos ocho. Siempre las seis nos juntábamos para hablar del Mesías, y ayer tanto nos hablaron, que vivir ya no podíamos sin que fuéramos a buscarlo.

Desperté, oí:

Cuando llegaron al sitio
que el Maestro los esperaba,
creían darle sorpresa
con la gente que llevaban.

Sin duda que se olvidaron,
que el que esperaba era Dios.

Pues Él ya había mandado
el Amor que ellas tenían,
las llevara con los dos.

Éstos las presentarían
sin pecado ante Dios.

El pecado había quedado
en sitio que no había Amor.

En gente de pies de seda,
en gente que sin Amor,
no sangrarían sus pies,
no andarían la cima
y no pedirían Perdón.

Ve con el número seis,
y únete al número dos,
y ya los ocho caminando,
sorpresa le dais a Dios,
sorpresa si tú te olvidas
que el que esperaba era Dios.


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