martes, 13 de diciembre de 2016

Tiene la culpa el mayor

En Sueño Profético hablaban de la Enseñanza, de la edad y del pecado.

Dijo uno:

Este hecho que refiero es de Dios Hombre y presenciado por mí:

Trabajaba yo en un molino, y por la orilla de aquel río pasaba el Maestro bastantes veces. Yo y otros compañeros, cuando oíamos el tropel, –que más bien era silencio porque el tropel era de ellos, pero por donde pasaban, el tropel era silencio– salíamos a la puerta. Una mañana, no tarde y temprano yo no diría, había unos niños jugando a la espalda del molino; siete u ocho era el número de los chiquillos. Unos cuatro metros antes de que llegara el Maestro, dos niños se adelantaron y se engancharon de su Mano. Dijo el mayor, con sus nueve años:

   –¿Vas a venir antes de que llegue la noche? ¡Di sí, que me vaya contigo!, porque mi padre trabaja aquí en el molino y yo me voy con él por la noche.

Todos los que iban con el Maestro creían que el Maestro continuaría sin respuesta por ser un niño. Pero ya habla el Maestro:

   –Hoy va a ser ésta la Enseñanza.

Y le dice a Juan:

   –Entra con éste –señalándome a mí– y di que salga el padre, que quiero darle el Premio por su Enseñanza.

Un momento de silencio, y ya el padre del niño delante del Maestro. Otra vez las Palabras de Dios Hijo se oyen para todos:

   –Hoy, mi Padre me manda que me lleve a tu hijo, cumpliendo tu petición, y Yo aceptando la Voluntad de mi Padre. Tú quieres que tu hijo aprenda de Mí, y mi Padre quiere que Yo enseñe a tu hijo. Como Yo estoy en mi Padre y mi Padre está en Mí, Todo es el Mismo Dios y la Misma Voluntad. Ya nunca preguntes dónde está tu hijo porque siempre que él quiera estará conmigo. Cuando Yo vaya al Padre, también sigo con él, ya que él quiere ir conmigo. Y tú ve a tu casa,y verás a tu mujer curada, el corral con abundantes animales, y la sequía del pozo brotando agua por el brocal para que hagas alguna siembra.

Siguió el grupo andando mientras él se abrazó a mí en grande llanto.

Desperté, oí:

¡Cómo enseñó este padre al hijo
a que amara al Maestro,
que lo conoce sin conocerlo!

¡Qué hondo tiene el Amor,
que deja al padre contento
y con ellos se marchó!

Aquí te lo dice claro,
que la culpa es del mayor.

Si Amor enseñas al niño,
todo dejará por Dios.

Dios le premia esta Enseñanza,
en la sequía del venero,
en curar a la mujer,
en aumentarle corderos,
y gallinas que salían
a "bandás" del gallinero.

¡Buena lió el jornalero
del molino en sus contornos!

Pero lo que más cundió
es que su hijo se fue
de Discípulo con Dios.

Tiene la culpa el mayor,
de que el niño sea hombre
y no conozca a Este Dios.


***

Libro 3 - La Palabra del Creador - Tomo I - C6

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