domingo, 27 de noviembre de 2011

Dios de Poder y Paciencia - Libro 7 - Investigaciones a La Verdad - Tomo I - Pag. 12-13-14


En Sueño Profético yo decía: “Éste es Dios”.

Esto lo dije sin verme yo de carne, y un Hombre, delante de mí, me quitaba la Visión para ver otra cosa cualquiera. Este Hombre estaba de espaldas, con una túnica de color entre el blanco y el crudo, y la tela daba sensación de Grandeza, de Poder, de reverenciarla, aunque no hubiera revestido a Dios. Esta Figura se agrandaba tanto, que te daba seguridad de firmeza, seguridad de dueño sin dueño, de dueño que no quiere decir “yo soy el dueño”, de dueño que con suavidad destruye, y que con fuerza perdona.

Todas estas Palabras, Dios hacía que ella sintiera, para que luego las recordara en el momento del Dictado. Dios le hace que participe en esta Inteligencia sin materia, y ya sus Palabras son de Dios a su espíritu.

Dijo uno:

Gran estudio tiene este Dictado, y gran Verdad se ve al leer. No hay hombre que hable de Gloria dando estos datos, si Dios no lo lleva y Dios no le dicta. En este arrobo, Dios diviniza la materia y deja al espíritu sin materia, deja al espíritu limpio para entrar en su Gloria, y Él coge Carne y ropa, para la vista del arrobado. Dios que quita materia para vivir en su Gloria; Dios que se hace Hombre para que el hombre Lo vea.

Desperté, oí:

Dios hace el arrobo
como premio al hombre.

Y el hombre no oye la Voz,
y del arrobado se esconde.

Dios de Poder y Paciencia,
por no agrandar el Infierno.

No merecen que la tierra
les produzca el sustento.

No merecen que la Gloria
esté en ruegos por ellos.

Por ellos, porque son más
los que desprecian el Cielo.

Debía estar llorando
el mundo sin desconsuelo,
de ver cómo ama Dios,
y el hombre darle desprecio.


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