martes, 2 de diciembre de 2014

Agua y granizos

En Sueño Profético decían:

Si el hombre estuviera pendiente del Lenguaje de Dios, vería a Dios hablando en muchas cosas. Lo vería hablándole a otro y contestándole a él, contestándole cuando él Lo llamara con Amor. Cuando llamara con desafío, no oiría contestación. Éstos son los hombres que dicen que no hay Dios.

Dijo uno:

Voy a contar lo que yo presencié un día con el dueño de la tierra que había tan junta a la mía, que creían que era del mismo dueño:

Este hombre, siempre que miraba al cielo era para ofender a Dios, y seguía ofendiéndolo porque Dios no le contestaba a lo que él le hablaba. Un día, a las tres de la tarde, en el mes de junio, llegó al sitio que yo estaba, montado en un mulo, y como el mulo no hizo la parada justo donde él quería, miró al cielo y no dio tiempo a que abriera la boca, y empezó un fuerte aguacero con granizos del tamaño de garbanzos, pero esto sólo en el sitio donde él estaba. Yo estaba a un metro. Era agua menudilla, agua que, a bien decir, acariciaba. Siguió la tormenta, que fue contestación al desafío que a Dios le hacía siempre y que Dios no contestaba.

Desperté, oí:

Fue la nube aumentando,
tan sólo, en su terreno sembrado.

No pudo hacer la siega
del trigo que había sembrado.

Para donde él iba,
los granizos lo seguían.

En el agua menudilla,
el mulo y yo,
la Mano de Dios veías.

La linde de los terrenos sembrados,
las espigas lo decían.

Unas, esperaban siega;
otras, cosecha perdida.

Y él se quedó señalado
para el resto de su vida.

Nadie quería su amistad,
porque en pecado vivía.

Dios lo tenía apartado,
y él contestación quería.


***

Libro 14 - Dios Manda en su Gloria que Enseñen - Tomo II - C3