lunes, 8 de diciembre de 2014

Profesor de profesores

En Sueño Profético decían:

No dudes del que le veas acción y palabras, cumpliendo el Evangelio. No dudes cuando te diga: “Dios me enseña en Sueños y allí vivo normal, donde no hace falta el cuerpo. Y me enseñan espíritus que cuando tuvieron cuerpo fueron seres conocidos en la rama que el saber tenían de lo que aprendieron”.

Si éstos –los que ahí enterraron su cuerpo– fueron hombres fieles a los Mandamientos de Dios y jamás cambiaron acción ni palabra, estos hombres siguen enseñando en la Gloria de Dios con el Mando del Dueño de este Mundo invisible para los ojos de la carne.

Dijo uno:

Por eso, el que Dios trae para que luego ahí cuente y presente Escritos que Dios manda para Enseñanza y para que compruebe el hombre, es de una Sabiduría Divina y arrolladora; la que el hombre quisiera hacer igual a la que Dios dicta.

Estas personas oyen el Evangelio con calor. Pero escuchar defendiendo o comparando ejemplos, los alborota, porque la Enseñanza de ellos es del mismo Dios. Bien el Eco de Dios, o el Mando de Dios en espíritus que están adorando su Infinita Sabiduría.

Esto, monjes y teólogos, si llevan Amor por dentro y por fuera, lo hacen respetar con la vestidura, como hace el militar. Cundirían estos Mensajes por ser un Mandar de Dios y un bien a la Humanidad. Sus Palabras y acción repartirían, que esto es ser Representante de Dios.

Desperté, oí:

¡Cómo le van a hablar del Cielo,
por muy teólogos que sean,
al que Dios trae a diario,
ampliando su Evangelio?

Que esta materia
no sabe de las estrellas,
ni te sabe responder
lo que se llama planeta.

Ni los mares le nombres
del sitio donde hay tierra.
Ni sabe los ríos dónde desembocan
para vivir en los mares.

Que esto lo sabe un niño,
que le enseñan los mayores.

Pues este Instrumento,
sin saber nada de esto,
es profesor de profesores en Teología.

Esto no es dicho por el Instrumento,
esto es Dios el que lo dicta.

No hay disculpa para Dios,
el Representante que sepa
de estos Escritos
y no les dé publicación.


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Libro 17 - Investigaciones a la Verdad - Tomo II - C5