viernes, 5 de diciembre de 2014

Saber de Gloria y espíritu

En Sueño Profético decían:

Vamos a comparar saber de Gloria y espíritu, por libros o enseñado Aquí en Gloria. Hacían muchas preguntas y se oían contestaciones. Decían:

Todas las preguntas que se han hecho han sido contestadas por estudios de libros que el hombre tiene hechos –textos y palabras de otros Elegidos, y mitad del hombre–. Preguntaban sobre el sentir del espíritu sin materia. Preguntaban sobre ver, tocar y pisar, sin saber cómo explicar lo que ves, que Allí no hay nada.

Tocar: cómo llegas al objeto que estás viendo, y cuando llegas al objeto con el que Dios quiere dar la Enseñanza, dan las manos en un vacío, sin estar ya allí lo que ves, porque estás viendo que a veces juntas las manos –que también ves– y allí no hay manos.

Preguntaban sobre el sentir de los pies, de ir andando por un hermoso camino, donde a veces van caminando todos los que Dios reviste de materia para irte a ti enseñando.

Preguntaban sobre cómo ver un cuerpo sin pies, andando.

Preguntaban qué escribiría de respuesta uno al que le preguntaran que estando aún con materia, Dios, antes de un sí, arrebatara su espíritu, y sintiera, viera y oyera tan sólo lo que en Gloria le dijeran.

Hay veces de estar aún el espíritu en lucha de Cielo o Tierra, y oír lo de la Tierra sin poder dejar el sentir de Aquí del Cielo, y dejar muerta la carne.

Al oír estas preguntas, ya no se oían respuestas, y decían:

Estos son comparaciones de espíritus que Dios enseña, o del aprender del hombre.

Dijo uno:

Para el hombre presentarse en Teología, tiene que llevar libros, apuntes y años de estudio, y sus estudios son la mitad dichos Aquí, mitad que dice el hombre. El que Aquí Dios trae, se presentaría con su Amor, con el Mando de Dios y con su inteligencia, que Dios se la daría, que esta inteligencia se la da el vivir en Gloria y el explicar de este vivir. Ésta es cátedra de adoración a Dios y de que el libro cierre el hombre.

Desperté, oí:

Si este examen se hiciera con hombres que a Dios amaran, sencilla sería la respuesta.

No hay quien dé sentir de Gloria por bien que palabra aprenda.

Si el dolor fuera fingido por quien dolor no tuviera, pronto lo desmentirían los gestos.

No hay cojo que vaya cojo, por bien que imite cojera, porque sin querer dejar, se olvida de la cojera.

Todo lo que es fingido, en fingido luego queda.

Todo lo que sientes en Gloria, no lo dice el que no lo sienta.

Aquel que hable de Aquí, que hable porque otro cuenta.

Y al que Dios traiga y enseñe, ya los títulos le sobran.


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Libro 11 - Te Habla el Profeta - Tomo II - C4