domingo, 14 de diciembre de 2014

Aquéllos matan su Carne, y éstos matan sus Palabras

En Sueño Profético vi varias escenas de Dios cuando vivió de Hombre, y sin explicármelas, las comprendía. Luego, cuado ya terminé de ver, dijeron:

El espíritu vive y ve todo lo representado sin que le hagan Visión. Pero al llegar al cuerpo, no puede comunicar por estar los otros espíritus con materia.

Aquí en Gloria, es Sentir, y el Sentir da las formas de la Visión y el colorido. Aquí no se oyen palabras, por ser todo Poder de Dios.

Este arrobo ha presentado varias escenas que el hombre hizo a la misma Carne de Dios; ha presentado a Dios con Materia, que todo ha sido Dios.

Sigue el espíritu que va a comunicar a la materia:

Vi a mucha gente de espaldas, y uno dijo –también sin palabras–:

   –Delante va el Hijo del Hombre –éste mismo hablaba con otros y nombraba al gobernador.

Vi a unas mujeres sentadas, que las caras las tapaban sus pañuelos enjugándose su llanto, y sentí decir:

   –Es la Madre y familia de María; la Madre del mismo Dios, que por ser la Madre guarda la Virginidad que Dios tiene publicada, para más testimonio de que es Dios.

Vi una tormenta muy grande, y sentí sin Palabras:

   –Ya está en el Padre.

Otra escena rápida se puso de gente contenta, y otra vez sin Palabras sentía Palabras y hablaban del Sepulcro, de que hubieran robado el Cuerpo del que ellos mismos le habían echado grandes piedras, con gran alegría y grande miedo, cuando pensaban: “¿por qué hacer eso?”.

Desperté, oí:

Da grande alegría este arrobo al saber que Dios está Vivo.

Y da pena que el hombre Lo quiera más, Muerto.

De que su recuerdo haga, y no piense en un contento: “Yo sé que Dios el sufrir se lo manda al que no ama”.

Pero mi contento es poder mirar a la cara a todo el que es de Dios.

A todo el que Dios manda para que enseñe del Cielo, con Visión o con Palabras.

Todavía hay quien manda Crucifixión a Dios Vivo, con pecados y con palabras.

Aquéllos matan su Carne, y éstos matan sus Palabras.

No hagas nada mal hecho que en contra de este Dios vaya, que puedes matar de hechos y también con tus palabras.

Gran Dictado da el Cielo, para que el hombre recuerde y nada haga mal hecho.

Ama como las mujeres que sus caras se tapaban para recoger el llanto.

Y sus sollozos paraban la salida de su llanto.

De llanto sólo al pensar: “¿por qué quisieron matarlo?”.


***

Libro 1 - Te Habla el Profeta - Tomo II - C1