miércoles, 11 de mayo de 2011

Dios premia y no castiga - Libro 3 - La Palabra del Creador - Tomo I - Pag. 224-225


En Sueño Profético decían:

Un día, cuando el Maestro estaba contándonos un hecho que nos ocurriría, se presentó una mujer y dijo:

–No conozco al Maestro, pero vengo a conocerlo. Mi marido lo oyó cuando un día estaba en la montaña enseñando a sus Discípulos y hablando para todos. Me contó mi marido, que fue oírlo, y que tuvo que llorar. Estas fueron las palabras que mi marido me dijo: “Vengo de oír hablar a Dios. Aunque la gente vea es un Hombre, sus Palabras dicen es Dios, y el resplandor de su Cabeza, me hacía no ver nada más que rayos de luz”.

–Vengo a conocerlo y a decirle que le he hablado a uno, de clase superior a la nuestra, para que lo cite en su casa y allí hable, ya que mi casa no está preparada para Personas de tanto valor. Han quedado en darme contestación si aceptan su visita, cuando consulten con otros gentiles.

Se puso el Maestro de pie, y con Cara de pena sin llanto, le dijo:

–Tú oirás mis Palabras aquí o en tu casa. El Amor al Padre te ha hecho no buscar consejo para que quieras mi Amistad. Ve y llévale mis Palabras; dile que tanto ellos como los que le den el consejo, no gozarán de mi Presencia, ya que no creen en que soy el Mesías. Que no te den disculpa, ya que desde hace 30 años vine de Hombre, y fui anunciado mucho antes por los Profetas, que mi Padre habló en ellos.

Desperté, oí:


Si hubieran amado, llevan el hilo desde antes de su Venida.

Si hubieran amado, sabían cuándo fue su Venida.

Si hubieran amado, buscan dónde habla, y no piden informes de Dios.

Ellos sabían que donde hablara, inclinaban las rodillas, lloraban y a voces pedían perdón.

Pero no aceptaban como Dios; no aceptaban, porque no amaban y no querían Gloria.

Y Dios no los buscaba, porque sabía que su vanidad de Tierra, nunca reconocerían era el Rey de todo lo Eterno.

Rey de todo lo Eterno, y Dueño de todo lo material, Dueño de la carne, Dueño de la Tierra y Dueño de los mares.

Sabio de la Sabiduría, y Dueño de este Saber.

Dios habló en la casa que amaban y que buscaban su Palabra.

El gentil no lo oyó, y el humilde su Luz le dio.

Dios premia y no castiga. Dios premia si tú lo amas, y deja si te retiras.


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