martes, 17 de mayo de 2011

Si dejas todo por Dios, no dejas nada - Libro 7 - Investigaciones a la Verdad - Tomo I - Pag. 72-73


En Sueño Profético vi mucha gente, y al lado había más bien pocos. Estos pocos los separaba una anchura de unos dos metros.

Dijo uno, señalando a los pocos:

Éstos son espíritus que viven con Dios, espíritus que están despegados de las cosas materiales –tenían todos, los pies, una cuarta levantados del suelo–. Estos espíritus viven Gloria con materia. Y estos otros, viven momentos tibios, momentos de angustia, momentos de ansiedad, momentos de frenarse diciendo: “Ahora, ¿qué quiero? Ya llegué. Y ahora, ¿qué hago?, ¿dónde iría que mi ansiedad se saciara? ¡Para esto…, morirse!”. Esto es un espíritu que no se despega de las cosas materiales.

Dijo Santiago:

El Maestro siempre nos decía estas Palabras: “Se verá el que más ame al Hijo del Hombre, en el desprecio que tenga a las cosas materiales. Abandonará a padres, y los padres a los hijos, por seguir al Salvador de los pecadores. El que no hiciera esto, amaría a todo antes que a Mí, y ya no Me ama”.

Desperté, oí:


Dios quiere que Lo sigas para salvar a pecadores.

Dios quiere que Lo sigas para llenarte de Él y repartir Amor a tu regreso.

Si sigues a Dios, Lo amas. Y si no Lo amas, no Lo sigues.

El que a Dios ama, Dios le da tiempo para que Lo siga, aprenda y enseñe.

El que a Dios ama, ya le da Dios tiempo y Palabras para enseñar.

Deja todo por Dios, y no dejes a Dios el último.

Si dejas todo por Dios, no dejas nada, porque Dios te lo hace.


***