domingo, 29 de mayo de 2011

La huerta que espera Dios - Libro 6 - Dios Manda en Su Gloria Que Enseñen - Tomo I - Pag. 123-124-125


En Sueño Profético decían:

“Tan sólo con querer hacer servicio a Dios, ya tienes sitio en la Gloria”.

Esto lo decía mi padre que siempre estaba hablando de esta Gloria, que siempre te estaba hablando de Dios. Decía que:

"Si el hombre aprendiera a vivir con Dios, se creería muerto el día que no sintiera este Amor que tanto te da y tan poco te pide."

Cuando se ponía a hablar del mundo, que lo eterno no existe, formaba corro; siempre estaba dispuesto para hacer un servicio al Prójimo; siempre le oías las mismas palabras:

"Señor, si tú quieres que yo haga lo que Tú quieras, dame cada día menos ganas de las cosas materiales, porque yo sólo quiero vivir para el servicio de tus Palabras".

Pues así Dios se lo concedió. Cada día que amanecía, alguien lo buscaba para que lo acompañara en su sufrir, para que le agenciara por mediación de sus muchas amistades, lo que tanta falta le hacía. Pues Dios le mandaba que le hiciera el servicio y el tiempo. Tenía una huerta y la mitad la dio a uno que era un santazo, para que la trabajara y cuando él se viera en apuros, este santazo le echara una mano. Pues estas dos familias fuimos una. Ellos tenían dos hijos y yo era solo, pero me encontré con dos hermanos, dos padres y dos madres, que buenos eran todos. Allí no se hablaba nada más que de Dios. Allí, cada uno, procuraba servir a Dios. Cuando alguien llegaba pidiendo ayuda, todos de acuerdo mandaban a mi padre. Le pusieron este nombre a la huerta: “Ve a la huerta y llama a Dios, que Dios en alguien contesta”. “La huerta que espera Dios”, fue conocida por el que a Dios buscaba.

Desperté, oí:

¡Qué verdad más verdadera,
que si haces servicio a Dios,
Él te manda y Él te espera!

Te manda para que digas:
“Yo pertenezco a la Gloria”.

Te manda porque tú dejas
las cosas de la materia
sin darle la preferencia.

Él quería servirle a Dios,
y Dios le mandó un santazo
que de dueño se quedó.

Unos regaban la huerta,
otros lavaban hortaliza,
y otros cavaban la tierra
que Dios se la bendecía.

Todos servían a Dios,
porque Dios allí vivía.

“La huerta que espera Dios”,
fue por todos conocida,
donde llegabas con penas
y salías con alegrías.


***