lunes, 2 de mayo de 2011

Prisionero que ve el que no Lo ama - Libro 3 - La Palabra del Creador - Tomo I - Pag. 31-32


En Sueño Profético hablaban de la Libertad.

Dijo uno:

Cuando tú sabes cómo eres es cuando te dan Libertad. La Libertad la vive el que a Dios no ama. El que ama, busca estar prisionero, prisionero que ve el que no Lo ama.

Contestó a esto un Discípulo de Jesús:

Un día, estábamos oyendo al Maestro, y cuando terminó de hablar, nos dijo:

“A pesar de que soy Dios, quiero que obréis con Libertad. Si alguno no me siguiera con Amor, sea retirado por él mismo. Yo lo sabré y dejaré tiempo para que él se retire”.

No fueron terminadas estas Palabras, y queriendo hablar todos, quedamos en un aplastante silencio. Si la Libertad hubiera sido un presente, todos la hubiéramos dejado en sus Pies. Nosotros queríamos estar siempre cogidos a su Mando, nos encontrábamos más suyos. El que más decía: “El Maestro me ha mandado que vaya y diga”, éste se creía más predilecto. Cuando no nos mandaba, era sitio que tenía que ir Él, y nos llevaba para enseñarnos; de aquella Enseñanza ya nos llenábamos para partir al día siguiente. Una vez que empezábamos a caminar, no teníamos día ni noche, íbamos solos, pero cada uno llevaba dentro al Maestro.

Desperté, oí:

Al llevar dentro al Maestro, no queríamos la Libertad.

Hacer uso de la Libertad que Él nos daba, era separarnos de Él.

La Libertad te llevaría a sitios donde no amaban a Él.

Él quería ser amado con Libertad.

Y nosotros sólo queríamos amarlo.

Queríamos amarlo y sufríamos por el que no lo amaba.

Si mucho amas, poca Libertad quieres.

El Amor de Dios es cárcel, prisión y libertad de espíritu.


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