martes, 3 de mayo de 2011

Si sacrificio te cuesta, te falta Amor - Libro 5 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo I - Pag. 103-104-105


En Sueño Profético decían:

Un día, cuando salía yo de orar, salieron a mi encuentro y me hicieron estas preguntas:

―Mónica, te íbamos a buscar; queremos que nos enseñes a buscar; queremos que nos enseñes a orar y a hacer sacrificios para a nuestros hijos salvar.

Dijo una que parecía que no venía porque se quedó atrás:

Yo, por tal de ver a mi hijo
como estaba tiempo atrás,
haría los sacrificios
que el hombre no comprendiera,
como no fuera que él
también sacrificios hiciera.

No es el camino así,
si para alcanzar a Dios
es a fuerza de sufrir.
Yo lo que sí recomiendo
es que los ruegos sean constantes,
tan constantes, que no se acaben
ni de noche ni de día,
y que por mucho que ruegues
y tengas que suplicar,
nunca digas sacrificio,
porque entonces no es amar.
Amar costando trabajo,
esto ya no es suplicar.

Yo nunca le vi trabajo,
y mucho menos sacrificio,
a todo lo que yo hiciera,
a todo para el bien de mi hijo.
No podían soportar mis fuerzas
el que mi hijo no amara,
y que no quitara a tantos
de que como él pecaran.

Siempre que me ponía a rezar,
veía a este Dios disgustado
de tanto como Lo ofendían.

¡Él, que todo era Amor,
y olvidaba al que quería
que le diera su Perdón
y jamás ya pecaría!

Desperté, oí:

Si tu súplica es Amor,
no es sacrificio.

Sacrificio llamo yo
a aquello que haces tú,
que lo haces por temor.

Por temor o para que vean
que tú cumples tu promesa.

El Amor es más fuerte
que el sacrificio.

Si tienes Amor,
no tienes sacrificio.

Si sacrificio te cuesta,
te falta Amor.

A la madre que ama a Dios,
no se le pierde su hijo,
y en esta Gloria de Dios
lo entra sin sacrificios.

La madre que ve que el hijo
se pudiera condenar,
si ruega sin sacrificios,
en la Gloria lo entra ya.

MÓNICA DE AGUSTÍN


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