sábado, 7 de mayo de 2011

Por qué Dios bajó a la Tierra - Libro 10 - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en Gloria - Tomo I - Pag. 3-4


En Sueño Profético hablaban de cuando Dios vivió de Hombre y entre los hombres.

Dijo uno:

Aún hay infinidad de hombres que no saben por qué Dios bajó a la Tierra: Dios quiso Él mismo dar testimonio de su Gloria. Dios quiso Él mismo decir: “Mandaré mis Palabras en otra carne que no sea Dios, pero mis Palabras sí son las mismas que hoy estoy diciendo. Hablaré de la Gloria de mi Padre para que sean justificadas las Palabras que mi Padre dijo a los Profetas anunciando mi Venida. Quedará dicho como el vivir de mi Gloria, por el mismo Dios, no por el hombre. Yo he traído la Salvación y os dejo mi Paz”.

A esto Dios bajó a la Tierra. Los que no Lo aceptaron, hoy no están con Él. Y todos los que Él habló con ellos, y no aceptaron como enviados por Él, hoy no están en su Gloria. Dios tiene su Mundo espiritual, Eterno y sin mando del hombre, sin mando ni para saber del ser que más hubiera querido en la Tierra, que en la Gloria estuviera; sin mando para que el Elegido venga de Tierra a esta Gloria y sepa en un arrobo lo que el hombre no puede saber al final de una carrera, por muchos estudios y carreras que tuviera. Todo esto quiso Dios Padre que fuera enseñado por Dios Hijo. El que no quiera que esto sea así, ¿cómo Dios lo va a entrar en su Gloria, cuando ya quede sin libertad y sin poder, abusando de la Libertad que Dios le dio?

Ésta es pregunta del Cielo: “Si el hombre no acepta, después del Nacimiento de Dios, y sigue usando el martirio para el que Dios tiene como el Padre tenía al Hijo, ¿crees tú, pecador, que Dios te dé Gloria?

Desperté, oí:

Dios Padre dijo al hombre en la Tierra cuando su Hijo estaba entre el hombre: “Ése es mi Hijo amado”.

El que no Lo quiso, ¿cómo estar hoy en su Gloria?

Dios Hijo manda sus Palabras en un Instrumento.

Ya, al mandarlas, ama. Ya, el hombre, tiene que amar las Palabras que dice y respetar al Instrumento.

Dios deja ver, es Dios el que habla.

Y no da Gloria al que maltrata.

El hombre sigue postura del mando que da Luzbel.

Y Dios, al que Lo desprecia, no puede Gloria tener.


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