viernes, 13 de marzo de 2015

Inquietud y Paz no pueden vivir juntas

En Sueño Profético decían:

No hay quien viva con Dios y Paz no demuestre. Lo mismo que el que vive sin Dios, transmite la inquietud. Inquietud y Paz no pueden vivir juntas, porque siempre se aleja la inquietud de la Paz.

Dijo uno:

La Paz abraza. La inquietud devora, devora y contagia. No puede haber contacto de Dios donde no rebose Paz.

Dijo el mismo:

Yo conocí a una familia
que yo mucho visitaba,
por la Paz que en aquella casa
se vivía y te llenabas.

Allí acudían los chicos,
y de los grandes tiraban.

Era una familia
de aspecto acomodada,
pero aún tenían más
de lo que representaban.

Yo me desvivía
por ir con los hijos
que mi misma edad contaban.

Yo veía en aquella casa
lo que en la mía faltaba.

En la mía había discordia
cuando menos lo esperabas.

Cuando yo ya fui mayor,
vi claro lo que pasaba.

Nunca se hablaba de Dios,
ni sus Leyes se practicaban.

En casa de mis amigos
no te olvidabas de Dios.
Entre hacer lo que Él quería
y su Nombre siempre oyendo,
tenías tú que aprender,
porque a Dios ibas sintiendo.

Un Dios Hijo tenían
en el segundo portalón de la casa,
a tamaño natural, en una base
de unas tres o cuatro cuartas,
que besaban los chiquillos
según la boca llegaba.

Todos los de aquel contorno
visitaban esta casa.

Allí estaba Dios de Carne,
aunque veías estatua.

Desperté, oí:

Fue a mis padres los primeros,
a los que cambio esta casa.

Yo les transmití la Paz,
y ellos fueron a llenarse.

Esto ya se fue cundiendo,
y acudían visitantes.

Después, más tarde, se dijo
que allí veían a Dios.

Siempre tenían un agrado
para el que iba llorando
por haber hecho pecado.

El que llamaba a la puerta,
derrotado y sin comida,
ya salía de la casa,
¡que cualquiera conocía!

Dos pozos tenía la casa,
entrando por otra puerta,
que siempre estaban tirando
los vecinos con cubetas.

Más de uno sacaba almuerzo
y algo de cena,
y siempre les procuraba
tenerles la soga nueva.

Los hijos, los dos mayores,
corrían sacando el agua,
cuando los veían mayores
y que sus manos temblaban.

Aquí, Dios vivía de Carne,
aunque veían estatua.

Por esto fue conocida:
“La casa que Paz manaba”.


***

Libro 14 - Dios Manda en Su Gloria que Enseñen - Tomo II - C1