martes, 3 de marzo de 2015

Se lucen más los buenos, y se destacan más los malos

En Sueño Profético hablaban de sufrir, del sufrimiento, de cómo era el comportamiento del hombre para Dios, y de cómo era para el hombre. Hacían comparaciones que veías que no eran de la Tierra por su colocación tan perfecta y tan abundante de palabras. Aquí dictan unas de ellas:

Se lucen más los buenos, y se destacan más los malos, en el sitio que Dios nombra un Elegido.

Sabrás más que el cántaro está roto, cuando le eches agua, que cuando esté de adorno. Pues igual es el sufrir cuando lo veas en otro y luego te pase a ti.

Hay sufrimientos en la Tierra que se podrían quitar si el hombre, a Dios, Amor tuviera. Pero el hombre no oye el “ay”, hasta que a él, el “ay” le llega. Pero el sufrir de esta vida es tormenta de verano, que no avisa, y cuando oyes el trueno, el agua tienes encima.

¿Quién diría yo llegue a viejo y nunca me cayó agua ni me vino sufrimiento?  En cambio, puede decir: “Yo no dejé un momento, y nunca yo me sentí sin Amor a Dios del Cielo. Un momento de mi vida amparaba al sufrimiento, que a otro veía sufrir y yo le daba remedio con lo que Dios me había dado a mí, si era salud o dinero”.

Por mucho que canse oír el “ay” en otra boca, mucho más te cansará que el “ay” salga de tu boca.

Desperté, oí:


Se lucen más los buenos
y se destacan más los malos,
donde Dios elige,
porque Dios siempre te está exigiendo
para los que de ti necesitan.

Si eres bueno, te exige,
para que vean y prendan.

Si eres malo, te da un amino,
para que ayudes al sufrimiento quitar.

Y ya serás menos malo,
y Perdón recibirás.

Pero esto lo hace Dios
dejando la Libertad
para el bueno y para el malo.

El hombre no ve sufrir
hasta que a él le ha llegado.

A Dios tiene más contento
el que socorre el sufrir
según el medicamento
que necesite de ti.

Si tú tienes para darlo,
piensa en el que te lo da a ti.

La salud, ya va del Cielo;
el tener, del permitir.

Si de estas dos cosas tienes,
puedes socorrer sufrir.

Que siempre será peor
el pedir que el repartir.


***

Libro 16 - Dios No Quiere, Permite - Tomo II - C2