martes, 26 de octubre de 2010

La fuerza del querer - Libro Recopilación - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en Gloria - Pag. 22-23


En Sueño Profético decían:

Buscar, es querer. Y poder, es buscar el poder hacer las cosas. El mismo querer te va anulando las dificultades. La fuerza del querer hace que hagas lo que quieras querer hacer. Esto, en seguir y practicar las cosas de Dios.

Dijo un Discípulo de Jesús el Salvador:

Yo oí muchas veces el quererse disculpar con el Maestro por no acudir a su Enseñanza. Y el Maestro siempre contestaba con Palabras, que si era verdad, ya tenías tiempo. Si Lo estabas engañando, te descubría. Y si quedabas en medio de estas dos palabras, pronto hacía que te inclinaras: a quiero, o engaño.

Una tarde, ya sin sol y asomando la noche, se acercó un hombre de aspecto bueno y más bien pobre de palabras, y con ojos de contento y pasos tímidos, dijo dirigiéndose al Maestro, al que ya conocía:

—Si me supierais de un trabajo que pudiera yo acabar antes de estas horas, decídmelo, y rápido dejo el que tengo, pues mi alegría sería ir entre vosotros, aunque luego, al regreso, continúe las horas de mi jornada. Donde estoy, lo he propuesto, pero dije la verdad y me lo han negado. Yo ya no trabajo allí contento. Aunque el jornal sea más corto, quisiera trabajarle a otros dueños. Mi mujer me ha mandado ya hace días: “Ve y busca al Maestro”. Éstas son las palabras últimas cuando ya abrazo al chiquillo que tenemos.

Y frotándose las manos, quedó en silencio esperando la respuesta. Ya se oyó al Maestro:

—Matías, ve con este hombre, que su verdad lleva por delante, que le den trabajo en la hacienda que caridad dan sin medida.

Y ya, mirando otra vez al que ama y quiere, dijo el Maestro:

—Y tú, cuando te presente Matías, les cuentas lo que a Mí Me has contado, que ellos están buscando lo que éstos han despreciado.

Desperté, oí:

¡Cómo describe el Amor, el querer,
y la cortedad por el miedo
a que le negaran querer!

En el sitio que Matías lo llevó
por Mando de su Maestro,
los recibieron de forma
que sacaron sus pañuelos.

¡Pero no los que pedían
el trabajo y algún tiempo!

¡Lloraban los mismos dueños,
de pensar que no le daban
el tiempo para ir con ellos!

¡Si ellos hacían turno
con sus propios jornaleros!

Dos o tres horas les daban
para seguir al Maestro.

Mientras, ellos se quedaban
al cuido de los terrenos,
y la caridad rondaba.

Les crecían las cosechas,
y todos les preguntaban.

Éstos querían querer,
y a los braceros mandaban
que fueran con el Maestro,
y así buen jornal ganaban.

Luego traían contacto,
y a la hacienda contagiaban.

Aquí no perdían jornal,
aquí, los dos lo doblaban.


***