viernes, 29 de octubre de 2010

A nada de esto temía el espíritu sin cuerpo - Libro 90 - Dios Manda en Su Gloria que Enseñen - Tomo XII - Pag. 20-21


En Sueño Profético se vio el mar. Se quitó esta estampa y apareció una montaña. Luego se vio una oscuridad. Detrás de la oscuridad había zanjas, pozos y cieno, e infinidad de peligros para la vida del cuerpo.

Ya dijo una voz:

Voy a explicar lo que significa todo lo que Dios ha mandado que Aquí se vea sin cuerpo: Todo lo que se ha visto son impedimentos para el cuerpo. Para el espíritu no son impedimentos. El espíritu atraviesa el mármol, y la montaña la aparta como china que no te impide el pasar y que sin esfuerzo retiras y sigues tu caminar. Las zanjas y pozos, el espíritu no se detiene al pasarlos, porque le va llegando la Luz que Dios manda al ArrobarArrobo: Desprendimiento del espíritu por la Fuerza del Mando de Dios y obediencia en la carne esperando el retorno del Mando (L.76-Pag.73-74-75). Ya, el cieno, lo ve sin mirarlo, porque Dios, en suciedad, le da orden al espíritu para que no tenga que mirar. Todo esto es Enseñanza que luego el espíritu le enseña a la materia. La Enseñanza del espíritu a la carne no es con palabras, es con sentir. Pero la carne no habla si el espíritu no manda. Y si mandara, el decir del sentir sería otra Enseñanza.

Desperté, oí:

¡Qué Visión han hecho en Gloria a espíritu sin cuerpo!

¡Cómo pasaba los mares el espíritu contento!

¡Cómo veía las montañas sin serle impedimento!

Las zanjas y pozos ya eran tolerables si hubiera habido cuerpo.

Y hubieran ido hombres tapando impedimentos.

Pero el cieno subía de profundidad de metros.

Y se extendía rugoso, con su mal y su escondrijo, esperando cubrir a algún hombre bueno.

A nada de esto temía el espíritu sin cuerpo.

Y llegó a esta Gloria donde viven ya los que el hombre llama muertos.

Llevando Orden de Dios de que no quede en silencio.


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