lunes, 18 de octubre de 2010

Los amigos del Maestro - Libro 74 - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en Gloria - Tomo IX - Pag. 36-37-38


En Sueño Profético decían:

Dijo Jesús en un sermón en el monte:

-El que más Me busque, más Me siga y más cumpla mis Palabras, no hace falta que diga que cree que soy Dios Hijo, porque en el seguir y en el cumplir ya va diciendo que Me ama. El que defienda mi Doctrina sirva para mi Enseñanza, y mi Padre le manda desde mi Cielo. El que más quiera mis Palabras, más oirá que estos son del Maestro. El que Me obedezca en la Tierra Yo lo espero Allí en el Cielo, donde el Padre Me espera a Mí, porque Yo del Padre vengo. No puede querer lo Eterno el que mis Palabras no oye por no creer quien soy. Si aquí no quiere conocerme, no aprende mi Enseñanza, que para eso he bajado a la Tierra, para la Salvación del hombre.

Quedó un momento de silencio y cada cara decía su alegría o su culpa al oír aquellas Palabras, que eran sentencias dichas con Amor delante.

Desperté, oí:

El que creyó en sus Palabras no podía dejar de seguirlo.

A éstos los conocían cuando iban a algún sitio, fuese cerca o lejos, se oía: “los amigos del Maestro”.

Aunque el oírlo les alegraba, mucho más les alegraba cuando decía el Maestro:

“Yo, al que Me sigue, ya no lo dejo. Y si quiere ser Discípulo mío se puede unir a éstos”.

Y con su Divina y fuerte Mano señalaba a los que estaban oyendo sus Palabras.

Se veía que era Dios porque a todos los quería, si ellos querían Quererlo.

Él nunca eligió número, fueron los que se ofrecieron.

Dios usa la diferencia cuando tú dices “yo quiero”.


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