martes, 12 de octubre de 2010

“Pensad, si hay en la Tierra algo que tenga valor para perder el Cielo” - Libro 87 - La Palabra del Creador - Tomo IX - Pag. 60-61


En Sueño Profético hablaban hombres que cuando vivieron con materia se dedicaron a hacer el bien por Amor a Dios y a ir cortando el pecado. Estos hombres, al oírlos hablar, daban ganas de Amar a Dios, de Buscarlo y de en tu mente hacer recuerdo de las veces que Lo ofendiste, y ya pedirle el Perdón.

Ya se sigue oyendo a uno de estos hombres que Amaban a Dios porque a Dios querían y buscaban a muchos que Lo quisieran:

Cierto es que yo Amaba, porque en mi casa sólo había Amor a Dios. Mi vivir fue fruto de mis padres. Mi padre tenía hombres trabajando en la cortijada que teníamos. Unos eran más tranquilos. Y a otros los dominaba la soberbia. Pues a éstos enseñaba mi padre que había que compadecerlos e irle allanando un poco el camino, para llevarlos con Amor de Dios y que ellos mismos se arrancaran su soberbia. Cuando los oía unos con otros, llegaba mi padre, cortaba el trabajo y les hablaba de otros que años o días atrás habían muerto y que ya estarían viviendo Gloria o Infierno. Les decía que pensaran si algo había en la Tierra que tuviera valor para perder el Cielo. Así se los llevaba y ellos detrás oyendo. Si era invierno, encendían una lumbre, y corro y lumbre en medio. Allí se hablaba buen rato y a veces en un silencio el chisporroteo de la leña daba las gracias al Cielo.

Desperté, oí:

Si era tiempo de verano, se iban a la arboleda horas y horas, hablando hasta que ya, sin rabieta, continuaban trabajo.

Los soberbios se quedaban veces y veces pensando las palabras que su amo siempre les estaba nombrando.

“Pensad, si hay en la Tierra algo que tenga valor para perder el Cielo”.

“Cambiaos las herramientas, el trabajo y el dinero, pero poned en preferencia lo que Dios manda en el Cielo”.

A todos llevó a la Gloria y los hizo herederos de unas cuantas tierras para trabajarlas ellos.

Heredaron sus palabras, y después fueron los terrenos.


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