jueves, 17 de febrero de 2011

El querer conocerme, ya te entra en mi Reino - Libro 3 - La Palabra del Creador - Tomo I - Pag. 183-184-185


En Sueño Profético hablaban de Dios Hijo.

Dijo uno:

Yo viví con Dios Hombre, y en mi primer trato no sabía que era Dios.

Estando yo un día parado en una plaza, esperando a unos amigos –pues estos ya me habían dicho que me llevarían a conocer al Maestro–, pasaron unos por mi lado y se quedaron mirándome. Uno de ellos se acercó a mí y poniéndome la mano en el hombro, pronunció estas Palabras:

–Ya no hace falta que esperes a quien te lleve a que conozcas al Maestro. El querer conocerme, ya te entra en mi Reino. Estas Palabras son de mi Padre: “El que no quiera conocer al Hijo, no sabrá lo que el Padre dice en el Hijo”. Todo lo que Yo digo es de mi Padre.

Marcharon, y yo quede en espera de mis amigos, y cuando llegaron pronunciaron todos a la misma voz:

Desde el principio de la plaza
deslumbra el redor de tu cuerpo.
Queríamos saber de dónde
podría ser el resplandor,
y ya vemos que es tu cuerpo,
que tiene Rayos de Dios.

Ahora ya me lo explico
por qué me miraban "tos",
y se tocaban el brazo,
pero ninguno me habló.

Pues ahora ya veréis
de qué viene el Resplandor:
He conocido al Maestro,
porque Él me conoció
los deseos que tenía
de que me tocara Dios,
de que me tocara el espíritu,
y el espíritu me tocó.

Pero me tocó este hombro,
y fuego me siento yo,
y de la Mano que me puso,
de ahí sale el Resplandor.

¡Qué Palabras tan serenas
y dichas con tanto Amor!,
que cualquiera las diría,
pero dichas así, no.

Desperté, oí:

Él quería conocerlo,
y Dios mismo se acercó,
se acercó, le tocó el hombro,
y se formó Resplandor.

Resplandor que todos veían,
y decían: ¡Esto es Dios!

Se cundió por "toa" la plaza
que allí había estado Dios.
Le dejó un Certificado,
con firma de Resplandor.

Él quería conocerlo,
y Dios el premio le dio.


***