viernes, 18 de febrero de 2011

Sabiduría creciente y no menguante - Libro 5 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo I - Pag. 149-150


En este Sueño Profético hablaba Tomás de Aquino y otros. Decían:

El Maestro preparó a los Discípulos para que fueran cundiendo su Palabra. Éstos repetían lo que el Hijo recibía del Padre. Estos Discípulos no sabían lo que muchas veces su presencia hacía. Él los preparaba y les daba Sabiduría no del hombre, y esto era lo que a la muchedumbre le hacía pensar que su Maestro era Dios.

Decía más fuerte:

Yo, Tomás de Aquino, te digo con la autoridad de Dios, que la Sabiduría es el grado que Dios da de más elevación, y que ante esta Sabiduría, el hombre tiene que aceptar. Sabiduría creciente y no menguante. No menguante, porque cuando dice Dios “Yo soy Dios”, el hombre no le puede quitar a Dios ni el “Yo”.

Desperté, oí:

Nosotros, los Discípulos, en nuestro caminar, dábamos con gentes distintas en espíritu y materia. Pero al ponerse enfrente de nosotros, unos huían, y otros nos daban cobijo sin atreverse a andar de espaldas.

Siempre surgía alguna pregunta para conocernos como Discípulos suyos. Estas preguntas eran frecuentes:

¿Venís de parte de Jesús de Nazaret?

¿Vosotros habéis visto al Maestro? Sentaos y contad cómo es el Hijo del Hombre.

Y ya, el que mucho Lo amaba, decía: ¿Tú eres Dios?

Todo esto lo decían porque con el aliento que nos daba de Sabiduría, salían relumbrones Divinos de nuestras palabras y actuaciones.

Cuando Dios coge para enseñar, lo que a éste enseña, no hay hombre que lo iguale.

No hay quien lo iguale, porque Dios habla para enseñar al hombre.


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