lunes, 14 de febrero de 2011

“Al que mis Palabras no le lleguen, ¿cómo le van a llegar las del hombre?” - Libro 10 - Hechos de Jesús Perdidos, Hoy Dictados en Gloria - Tomo I - Pag. 43-44


En Sueño Profético decían dos Discípulos de Jesús el Salvador:

¡Qué justas son las Palabras de Dios! ¡Qué medida tan bien llena! ¡Qué palmos más iguales! ¡Qué comparaciones te ponía, que tú hasta veías relieve!

Cuenta la Parábola que les puso aquel día a unos que Le hicieron esta pregunta:

–Maestro, si yo busco a otros para que me hablen del Reino de tu Padre, ¿peco contra Ti y contra Él?

Esta fue la contestación:

–No hay dueño de casa, que dé la llave de su puerta para que se sirvan de su casa, desprecien la llave, y luego intenten entrar. Esto podría cambiar el Amor del dueño, en persecución por robo. Pues, ¿cómo quieres que Yo acepte que no oigas las Palabras de Dios Padre en Dios Hijo, y vayas en busca de ese que en contra de Mí está? Tú no es que pecas, tú es que vienes a que estos que me siguen puedan pecar también con las falsas palabras de esos que están en contra de Mí por ser el Rey del Cielo. Al que mis Palabras no le lleguen, ¿cómo le van a llegar las del hombre?

Desperté, oí:

“Al que mis Palabras no le lleguen, ¿cómo le van a llegar las del hombre?”

Estas Palabras fueron las últimas, y ya quedó grande silencio.

Estos que preguntaron iban a oír a unos que le ponían contra a lo que Dios hablaba.

Y no estando muy seguros de no condenarse, buscaban al Maestro.

Dios Hijo les contesto “no”, como Dios.

Si hubiera usado el Dios, quedan “los lejos” y “los cerca”, en el mismo momento, sin movimiento.

“Los lejos”, sí quedaron así.

“Los cerca” los dejó para que llevaran las Palabras.

Dios, con los que tenía delante, hace de Hombre. Y a los de lejos, les manda el Poder.

¡Qué Parábola les pone, que todos fijos en Él, veíamos a Dios de Hombre!


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