martes, 22 de febrero de 2011

"Id haciendo el bien y publicadlo, para que por vuestras obras Me vean a Mí" - Libro 7 - Investigaciones a la Verdad - Tomo I - Pag. 161-162-163


En Sueño Profético me decían cómo dar a conocer el Lugar donde Dios habla al hombre:

Este Lugar tiene que ser reconocido por el hombre a través de sus obras. No bastará con el que reciba. Tendrá más valor la palabra del que sepa su actuación y lo vea; tendrá más precio su palabra cuando lo diga el piadoso y el indiferente; cuando lo diga el pobre y el rico; cuando lo reconozca el bueno y el malo; cuando lo material te lo dé con Palabras de Vida para el espíritu; cuando el ansia de espíritu supere a la carne; cuando las Palabras del Lugar hagan transformación en el pecado; cuando el Lugar sea buscado para oír la Palabra de Dios. Todo esto tiene que ser publicado para conocer a Dios.

Dijo uno:

No había mayor ofensa para el Maestro, que no conocieran a los que Lo seguían. Y ya para sus Discípulos siempre eran las mismas Palabras:

“Id haciendo el bien y publicadlo, para que por vuestras obras Me vean a Mí, y con el ejemplo vayáis pregonando mi Doctrina, dicha por mi Padre en Mí, y que Yo os estoy enseñando”.

“No calléis el bien, que el bien es amigo del día, y el mal es amigo de la noche”.

Desperté, oí:


Este Escrito bien te aclara
lo que quiere Dios que hagas.

Este Escrito cita hechos
que Dios dijo con Palabras:

“Id haciendo el bien al hombre,
para que él aprenda,
y luego, él vaya”.


Dios nunca puede enseñar
con secreto esta Enseñanza.

Porque todo está a la vista:
el sustento y las palabras.

Pero lo que ya le da nombre,
es la Fuerza que Dios manda.

Una Fuerza que confunde
cuando oyes sus Palabras.

Que te quita el confundir,
si lees cuando Dios habla.

Este Dios, que sólo ama,
tuvo que decirle al hombre,
justas, estas mismas Palabras:

¡Nido de víboras!
¡Sepulcros blanqueados!
¡Fariseos!


Y estas Palabras fueron dichas con pena,
y oídas con llanto:

¡Hombres que no amáis,
ni queréis ser por Dios amados!

¡Hombres, que bajo a la Tierra,
por ser por Dios enviado,
que la Palabra soy Yo,
y el Padre es enviado,
porque todo es el mismo Dios…!

¡Hombres que no merecéis
que Dios no haga de Dios!


Todo esto lo oyó el hombre,
por no querer a este Dios.


***