miércoles, 2 de febrero de 2011

Oración; comunicación que haces sin palabras - Libro 2 - Meditaciones y Palabras Directas con el Padre Eterno - Tomo II - Pag. 192-193-194


En Sueño Profético hablaban de la oración.

Decía Domingo de Guzmán:

La oración es ponerte en contacto con los espíritus de esta Gloria; comunicación que haces sin palabras; esto es espíritu que tiene necesidad de súplica, lenguaje que no entiende aquel que poco ama. El rezo es diálogo sin palabras, oración mental. Esta oración sale con fuerza cuando tus obras son hechas con el pensamiento en Dios, pensando: “Esto se lo hago yo a Dios”, y ya, por cada cuenta, puedes hacer una petición, diciendo: “Señor, Te pido y Te obedezco, mándame, mi voluntad es tuya”. Él dijo: “Pedid y Yo os daré”.

El rezo es de un valor incalculable cuando éste es dicho por quien obedece para no pecar. El rezo sin obediencia es venero que no bebes.

Dijo Agustín:

Nadie, Domingo, mejor que yo, te puede hablar de esto. ¡Cuánto rezos le costó a mi madre el ser yo bueno!

Estaba siempre rezando,
y se le escapaba en alto:
¡Dios mío!, yo rezo,
tú me mandas,
pero mándame también
que te haga aquel servicio
del que no quiso obedecer.

Esto no tenía descanso,
siempre lágrimas y rezando.
Las lágrimas, para el rezo,
y el rezo, para el llanto.

Pues a todas las madres metía
en que fueran como ella,
y fue a una por una llevando
a que fueran madres buenas,
a aquellas que habían echado al hijo
por falta de su paciencia.

Cuando oían a ella,
querían que les hablara,
y también que les dijera,
si ella sabía que Dios,
sus suplicas las oía.

Desperté, oí:

Ella sabía que Dios
oía el rezo de ella,
aunque no tuviera voz.

Tanto imploró y lloro,
que un día, en su gran lamento,
la Voz de Dios la sintió:

“Ten sosiego ya con tu hijo,
que ahí vivirá como quieres,
y Aquí tiene ya su sitio”.

Quedó Mónica en la Historia,
por sus lágrimas y sus ruegos,
para que a todas las madres
les sirva esto de consuelo.

DOMINGO DE GUZMÁN Y AGUSTÍN DE MÓNICA


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