martes, 12 de abril de 2011

Cruz y Calvario - Libro 3 - La Palabra del Creador - Tomo I - Pag. 259-260


En Sueño Profético vi a dos hombres peleándose y dándose golpes. Llegó Juan y para separarlos empujó a cada uno para un lado, quedando Juan como en cruz. Apareció Jesús y dijo:

–Mi Padre me manda para que os dé Paz, y Yo mi Paz os dejo, pero os aseguro que vosotros crucificaréis al Hijo del Hombre y quedará en la misma estampa que Juan. Si vosotros amáis a mi Padre, no podéis golpearse, porque el dolor llega a mi Padre. Si tú amas, no golpeas a este amado.

Siguieron caminando juntos el Maestro y Juan, y vieron a unas mujeres, y apartándose Juan del Maestro, les dijo estas palabras:

–Mi cuerpo no puede más caminar. Yo he oído que el Maestro será crucificado, y me ha hecho que yo haga su Estampa.

Oyendo estas palabras, y no oyéndolas por achicar sufrimiento, sacaron estas mujeres los pañuelos y caminaron acompañadas de sus lágrimas. A todo el que amaba al Maestro, lo enteraban de su Gran Dolor.

Desperté, oí:

Dios hizo que Juan se pusiera en cruz en el momento que Dios se presentó.

Juan sabía que era obra del Maestro.

Juan vivía porque vivía su Maestro. Juan ya no viviría cuando no tuviera Maestro.

Cuando corrió la noticia, ésta ya dicha varias veces por el mismo Maestro, entró grande silencio entre los Discípulos.

En sus rostros se reflejaba Cruz y Calvario.

Cuando amas se clavan en ti los golpes que le dan al Amado.


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