jueves, 28 de abril de 2011

La oración del niño es puro contacto con Dios - Libro 7 - Investigaciones a La Verdad - Tomo I - Pag. 149-150-151


En Sueño Profético yo decía:

“Señor, ¡cuánto tiempo se pierde en las cosas que no son tuyas! ¡Qué lástima que no sepa esto el hombre!”.

Vi a una mujer de rodillas, y dijo uno:

“Esta mujer ruega para que busquen las Palabras que van de esta Gloria”.

Ya vi a más de rodillas, pero un grupo grande. Y dijo la misma voz:

“Éstos ruegan para ellos, pero no ruegan para Dios. Estos ruegan, cada uno, pidiendo su petición, que algunos piden calvarios, si los escuchara Dios”.

Luego ya vi a muchos niños, que los mayores les enseñaban a rogar con sus dos manitas juntas.

“Estos ruegos son unidos a los de los ángeles de Gloria, por ser espíritus sin pecado. Son ruegos para Dios. Las palabras son del mayor, y su inocencia es unida a la de los espíritus que sólo adoran a Dios y están a la orden de Dios. La oración del mayor puede ser de palabras o de espíritu. En la de palabras puede parecer que está alabando a Dios, y su espíritu estar ofendiéndolo. En la oración del niño, siempre su espíritu tiene intimidad con Dios, porque Dios no oye las palabras que el mayor le dice si no son para Gloria de Dios. La oración del niño es puro contacto con Dios”.

Desperté, oí:

Enseña al niño a pedir, para que amen a Dios.

Enséñale que a Dios quiera, y ya dice una oración.

Que ya Dios sabe otorgarle sin que haga petición.

Tan sólo con decir “Te quiero”, ya le está pidiendo todo.

No es como el mayor, cuando no ama y pide.

Ésta es la petición que el hombre a Dios le hace:

Dame, si quieres que dé palabras para que amen.

El niño da su inocencia, para que Dios se la guarde.

Y el mayor, con su maldad, a Dios cree engañarle.


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