miércoles, 20 de abril de 2011

Vela que escondida llevaba - Libro 6 - Dios Manda en Su Gloria que Enseñen - Tomo I - Pag. 192-193-194


En Sueño Profético vi un anciano y un niño. El niño iba. El anciano regresaba. Paró el anciano al niño, y con grande amor le dijo:

–Te voy a dar un consejo que quisiera que lo guardaras, pero a la vez te pido que lo enseñes.

Dijo uno:

Esta visión yo la tuve en mi vida con materia, y esto que yo cuento, el niño me lo contó a mí:

Este niño tenía nueve años, y en su casa era el que echaba al enemigo con sus oraciones, ya que sus padres tenían un choque diario por no querer a Dios. El niño siempre vivía asustado por las amenazas que en sus padres oía. Él, cuartos que cogía, vela que compraba y llevaba a una ermita que había en aquella cortijada y que casi nunca estaba sola. Se cundió que un niño encendía una vela que escondida llevaba.

Yo le pregunté:

–¿Qué te ha dicho el viejo?

No pudo contestar de momento, y ya, cuando se fue tranquilizando, me dijo:

–Cuando me puso la mano en el hombro, sentí frío y como si no pisara tierra, y oí: “Yo soy uno de los Profetas que Dios habló en mí al hombre. Hoy Dios me manda que me comunique contigo, trayéndote Paz para que sea por ti repartida. Dios te da el privilegio de apacentar a los espíritus y de que huyan los demonios. Siempre que llegues donde haya un hombre, impregnarás la Paz. Guarda esta Paz, enséñala, y donde vayas, la dejas para ir cerrando puertas al mal, y Dios allí viva”.

Desperté, oí:

Este hombre lo creyó todo,
por no ver donde se metió el anciano.

Este hombre lo creyó,
por el temblor de las manos
que al niño le notó.

Pálido, pero contento,
el niño le contestó:
“Hoy no lo he visto irse,
no lo oí decirme adiós”.

Otros días, en la ermita,
lo veía en un rincón,
cuando la vela encendía.

Este Escrito da pensar,
al que pensar no quería.

Iba, encendía la vela,
y a Dios, la Paz le pedía.

¡Lo que puede la oración!:
la ermita llena de gente,
y a su casa Paz llevó.

Dios le da a la inteligencia
el título de la Paz,
y al espíritu le ordena
cómo tiene que enseñar.

Pero le mandó un Profeta,
que pudo justificar,
cuando lo vieron de materia,
y vieron que no era “na”.


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