jueves, 21 de abril de 2011

Una mujer amaba, la otra creía pero no amaba - Libro 3 - La Palabra del Creador - Tomo I - Pag. 162-163-164


En Sueño Profético decían:

El que cree y no ama, cerca está de condenarse.

El que cree en la Existencia de Dios, es primero lo de Dios, si ama.

El que sabe que Dios espera, sabe que a Dios no le va el engaño, y hace las cosas sin Dios.

Dijo uno:

–Mal camino es que crean y no amen.

–Sigue hablando tú, Santiago –dijo el que habló anteriormente.

Ya empezó Santiago:

–Voy a contar un pasaje que yo y seis Discípulos más presenciamos:

– Estando un día llenándonos de la Palabras del Maestro, llegaron dos mujeres y una dijo con las palabras y la mirada para el Maestro:

–Venimos discutiendo las dos y queremos que Tú nos saques de esa razón que las dos creemos tener.

Dijo el Maestro:

–Yo os voy a decir lo que queréis preguntar, y ya entre vosotras tendrá desprecio la sinrazón. Tú amas y nunca dices: “Yo creo que Jesús, el de Nazaret, es el Hijo de Dios hecho Hombre”. Tú amas, y ya vives amando a lo que mi Padre quiere que todos amen: al Único Dios.
El que cree sin amar, no puede ser bueno, porque nunca obedecerá las Palabras que Dios enseña, porque la obediencia es sobra del Amor.


Se miraron estas dos mujeres, y una se inclinó de rodillas y dijo:

–Yo soy la que desprecio la sinrazón. Yo creía que Tú eras el Hijo de Dios, pero yo nunca he tenido obediencia a tus Palabras. Ahora mándame, porque siento Amor, y ya he olvidado el “creo”.

Un momento en silencio quedaron Maestro y Discípulos, y otra vez las Palabras del Maestro todos oímos:

–Seca tu llanto y no pronuncies Perdón. Levántate, que ya estás perdonada, porque has reverenciado a mi Padre, aunque a Mí me estés viendo.

Desperté, oí:

Estas dos mujeres llevaban una fuerte discusión.

Una decía: “Yo amo y hago todo
lo que el Maestro va enseñando”.

La otra no estaba de acuerdo,
y la voz subía diciendo:

Yo creo que es Dios,
y que no es sólo el Maestro,
pero ¿por qué voy yo a hacer
todo lo que Él va diciendo?

La respuesta ya era fuerte,
antes de ver al Maestro.

Le dijo que el no obedecer,
tendría parte de Infierno.

Esto ya le hizo pensar
y querer ver al Maestro.

Para poder preguntar
si es lo mismo obedecer
por amar o creer,
que vivir sin obedecerlo,
Dios acampó en el sitio,
donde ellas pudieran verlo.

Cuando Dios dijo el pensar,
ella tuvo que quererlo.

Pues creer no dice nada,
y si amas estás creyendo.

A la que ama la metió
en que dejara el “creyendo”.


***