lunes, 11 de abril de 2011

El arroyo - Libro 6 - Dios Manda en Su Gloria que Enseñen - Tomo I - Pag.177-178


En Sueño Profético vi un arroyo, y el agua bajaba con mucho ruido.

Dijo uno:

En este arroyo no corría agua. Este arroyo despertó, su ruido, a todos los campesinos en el momento de nacer el Mesías. Por donde pasó el agua, despertó. Unos buscaron el ruido, y ya oyeron el tropel de gente que iba a reunirse al sitio del Nacimiento. Y a otros, a la vez del ruido del agua, el ganado se les empitonó y golpeaba en el retablo, dando cabezadas donde hacían más ruido, para que todos alborotaran la calma del silencio de la noche.

Este Nacimiento hizo vibrar todo lo que nace y muere, y también mandó salirse al agua para que fuera al secano, donde tiempo atrás las mujeres iban a lavar la ropa. Esto dio gran alegría, al ver otra vez las piedras, y a las mujeres, de rodillas, golpeando y amasando para dejar esclarecida la ropa que habían sudado de transportar la aceituna. Estas mujeres lavaban mientras las cabras bebían.

Desperté, oí:

Que el que nació era Dios,
se lo dijo en el arroyo,
y en el ganado que trompeó
y el silencio lo quitó.

El testuz no les dolía
porque Dios se lo decía.

Les diría: “Golpead,
que mi Hijo va del Cielo,
para enseñar a los hombres
que el Amor sea lo primero”.


Amando, ya será todo
como correr arroyuelo,
con fuerza que lleva el agua
de la Palabra del Cielo.

El hombre no cree en Dios,
no por falta de argumentos.
El hombre no cree en Dios,
porque Amor no lleva dentro.


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