miércoles, 13 de abril de 2011

Mensajera del Altísimo del Cielo - Libro 5 - Dios Comunica y Da Nombres - Tomo I - Pag. 166-167-168


En Sueño Profético hablaban Tomás de Aquino y Agustín de Mónica.

Decía Tomás:

A todo lo que sea de parte de Dios, el hombre le pone más resistencia.

Dios quiere que se publique, y el hombre quiere ocultar esta Comunicación de Aquí a ahí.

Dios, siempre que le ha hablado al hombre, es para que por este hombre sepan, los demás hombres, de Aquí.

El hombre ama tan poco a Dios, que no tiene interés en saber de Él.

Son muy pocos los que Dios habló en ellos y el hombre no martirizó. A infinidad les dieron muerte. Éstos, siempre dicen lo que Dios dice en ellos. Esto es Dios actuar en forma de ejemplo para el hombre censurar. Esto es compartir con el Prójimo el sufrimiento, que esto es lo que hace este Lugar que Dios coge para hablar en él al hombre. No aceptar esto es censurar a Dios.

Elegido es objeto que tú coges para que te haga tus servicios. Elegido puede ser persona que tú coges para que en tu nombre vaya y transmita aquello que tú quieres realizar, vasallo que tú tienes a tu servicio y que debe ser respetado por quien toma el mensaje que lleva o noticia que el superior le ha mandado.

Ahora soy yo, Tomás, el que sigo este diálogo, para que el hombre comprenda que si ahí, en lo material, no respetaran al centinela, no habría cuartel general, ni partes ahí darían. Pero como es material, al centinela respetan y le hacen un buen saludo, para que éste allí lo devuelva.

Desperté, oí:

Cuando recibes el parte
que el centinela te lleva,
o te dice aquí no hay paso,
por estrellas que éste vea,
tiene que ser respetado
como si el general fuera.

Si el general te da el mandato,
tú ya no eres centinela,
tú cumples un cometido
de un superior que te ordena.

¿Qué diría el general
si ofendieran al centinela?

¿Y al cartero le pegaran
por no ser noticias buenas?

Todo esto es respetado,
respetado y por las buenas.

Pero cuando es Mensajera
del Altísimo del Cielo,
no respetan la Palabra
de Éste que todo está viendo.

El hombre no puede rezar:
“creo en Dios, creo en el Cielo”.

Porque si callado ofende,
así más sigue ofendiendo.

TOMÁS DE AQUINO y AGUSTÍN DE MÓNICA


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