miércoles, 13 de julio de 2011

Aquí rogamos por las peticiones del que a Dios ama - Libro 7 - Investigaciones a la Verdad - Tomo I - Pag. 54-55-56


En Sueño Profético vi mucha gente, y decían:

Nosotros estamos rogando por tus peticiones, las peticiones del que ahí vive amando a esta Gloria. Dios las oye y nosotros rogamos. El ruego a Dios hay que hacerlo pensando:

Señor, dame Luz, que mis palabras y mi acción sean de tu agrado.

Señor, Tú sabes que no quiero pecar, y si pequé, fue porque aún no amaba.

Señor, enséñame a no pecar.

Señor, enséñame a ver lo malo, para que tenga compasión del que pecado esté haciendo.

Señor, te prometo buscarte en el que Tú me esperas.

Señor, que nunca desconfíe de tu Existencia, porque desconfiar sería estar muerta para Ti.

El que estos ruegos haga, con Dios está, a Dios llama, y ya vive Paz y esperanza, esperanza que tu Amor ya te procura de tus grandes alabanzas.

La Gloria de Dios abre puertas a las peticiones, y las cierra a los insultos y a las exigencias del que no ama.

Dios tiene sus ángeles, que cuidan de cerrar y abrir la puerta.

Cuando los ruegos son de Dios, éstos abren sin permiso, por ser desagravio al sufrir que manda el hombre, que a veces sufre más Dios, por dar sufrir el que conoce.

Y otra vez se oía:

“Aquí rogamos por las peticiones del que a Dios ama”.

Desperté, oí:

Si a Dios amas,
no te canses de pedirle
cuanto quieras.

Que si pides con Amor,
sabes que te abren las puertas
los ángeles que ya Dios
los puso para que abrieran.

Dios no se enfada si ve
siempre abriendo la puerta.

En cambio, sí lloraría,
si la puerta no se abriera.

Si vas a rogar a Dios,
piensa si amas de veras,
porque los ángeles abren
si tú quieres que abran puertas.


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